*Realizan Jurídicas y Colmex coloquio internacional.
*Su contenido está moldeado por intereses empresariales y abunda la violencia física y verbal hacia las mujeres; urge un marco de salud pública, coinciden investigadores.
Laura Lucía Romero Mireles
04.09.2026 Ciudad de México.- a pornografía se ha vuelto cada vez más extrema, coincidieron en señalar académicas de instancias estadunidenses en el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ) de la UNAM. Estudios sobre la economía de internet demuestran que la competencia entre sitios web es lo que impulsa ese tipo de contenido más extremo; no se trata de algo casual, sino de un modelo de negocio.
En su participación en el Primer Coloquio Internacional sobre Pornografía, Bienestar Sexoafectivo y Derechos Sexuales, convocado por el IIJ y El Colegio de México (Colmex), Jennifer Johnson, de Virginia Tech, sostuvo que se trata de un producto comercial impulsado por el afán de lucro. “El contenido pornográfico está moldeado por una lógica empresarial, no por intereses sexuales innatos”.
Es necesario, advirtió, un nuevo marco para entender la pornografía; un enfoque que se aleje de los que se basan en la moralidad, la libertad de expresión o incluso el empoderamiento, para adoptar uno de salud pública centrado en el riesgo y el daño, y que resulta más útil a la hora de entablar conversaciones productivas, abiertas y libres de estigma sobre este tema.
Hay que considerar la pornografía como un producto comercial creado y distribuido mediante algoritmos optimizados para un único objetivo: lograr una interacción sostenida y a largo plazo. En las últimas dos décadas, dicha optimización ha hecho que el contenido sea notablemente más agresivo, que llegue a personas cada vez más jóvenes y que influya más en la formación de expectativas reales sobre las relaciones y los encuentros en la vida cotidiana, alertó Johnson.
Hoy, es un negocio basado en tecnología. Los algoritmos deciden qué se muestra a quién y cuántas veces, basado en lo que mantiene a la gente viendo y pagando. El resultado es que un mayor número de personas, incluidos espectadores jóvenes y aquellos que acceden por primera vez, consume contenido más extremo con mayor frecuencia.
Cuando un usuario busca y hace “clic” en pornografía gratuita, por ejemplo un niño de 11 años, lo primero que encuentra es el contenido más extremo; esto sucede porque es el tipo de material que la industria tiene más interés en ofrecer, ya que es el que genera más “clics”, explicó en el Auditorio Héctor Fix Zamudio del IIJ.
La edad de la primera exposición se sitúa entre los 11 y los 14 años, y el inicio de la vida sexual se produce a los 16 o 17; los jóvenes pueden pasar entre cinco y seis años viendo pornografía como parte de su maduración sexual. “Cuanto más temprana y frecuente es la exposición, especialmente antes de tener experiencias reales, es más probable que moldeen sus expectativas sobre el sexo”, informó Jennifer Johnson.
Un estudio de dos años reveló que, cuanto más frecuente es el consumo de pornografía, mayor es la probabilidad de adoptar guiones sexuales de mayor riesgo, lo que a su vez aumenta las posibilidades de sufrir o ejercer agresiones sexuales más adelante. Ante esta situación, un enfoque de salud pública implica incorporar el tema de la pornografía a la educación sexual, y un enfoque crítico que ayude a las personas a comprender los diversos riesgos que conlleva, concluyó.
Chyng-Fen Sun, de la Universidad de Nueva York, aclaró que en la pornografía convencional cerca de 90 % de las escenas contienen violencia verbal o física. Además, en más del 90 % de los casos, las víctimas o los objetivos de dicha violencia son mujeres. Estos materiales invisibilizan la agresión masculina contra las mujeres; “esa es la conclusión fundamental”.
La pornografía está sexualizada, por tanto, la agresión también lo está. Ahí se transmite la idea de que las mujeres disfrutan de la violencia, y que rara vez se resisten a la agresión o muestran desagrado. “Esa misma dinámica está omnipresente y normalizada tanto en la cultura popular como en la pornografía”. Además, la gran mayoría de los productores y directores son hombres.
La experta refirió que 62 % de las escenas de sus análisis de contenido incluyen un acto que, por lo tanto, no es marginal ni poco común: eyacular sobre la cara o la boca de una mujer. El placer que los hombres obtienen de tal invención de la industria pornográfica no es, en muchos aspectos, físico, sino más bien ideológico.
De acuerdo con 20 entrevistas exhaustivas, a los hombres les gustó ver esa práctica y les gustaría hacerla en la vida real. “Las imágenes implican marcar a la mujer, controlarla y hacerle algo repugnante”. Varones taiwaneses expresaron que eso les produce un sentimiento de dominio, como un sentido de superioridad pervertido, o el control total sobre ella, finalizó Chyng-Fen Sun.

