La joven argentina Pilar Ferrer busca devolverle al corazón su capacidad de repararse

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04.08.2026 Argentina.- A sus 25 años, la bióloga argentina Pilar Ferrer forma parte de una investigación que podría abrir una nueva puerta en la medicina regenerativa cardiovascular: el desarrollo de un hidrogel bioactivo inyectable diseñado para favorecer la reparación del tejido cardíaco que queda dañado después de un infarto.

El proyecto todavía se encuentra en etapa experimental y falta recorrer un largo camino antes de que pueda probarse de manera rutinaria en pacientes, pero sus primeros resultados han despertado interés dentro y fuera de Argentina porque plantea un cambio de paradigma: en lugar de limitarse a tratar las consecuencias del daño cardíaco, busca crear las condiciones biológicas para que el propio tejido pueda recuperarse.

Ferrer integra el Laboratorio de Medicina Regenerativa Cardiovascular del Instituto de Medicina Traslacional, Trasplante y Bioingeniería (IMETTyB), perteneciente a la Universidad Favaloro y al CONICET. El laboratorio es encabezado por las doctoras Daniela Olea y María del Rosario Bauzá, y el trabajo cuenta con la participación de otros investigadores.

La importancia de la investigación se entiende al mirar el enorme impacto de las enfermedades cardiovasculares. La Organización Mundial de la Salud las identifica como la principal causa de muerte en el planeta. De acuerdo con sus datos más recientes, alrededor de 19.8 millones de personas murieron por enfermedades cardiovasculares en 2022, aproximadamente 32 por ciento de todas las defunciones registradas en el mundo. De esas muertes, 85 por ciento estuvieron relacionadas con infartos y accidentes cerebrovasculares.

El desafío que enfrenta la ciencia es particularmente complejo porque el corazón adulto posee una capacidad muy limitada para regenerar las células musculares que pierde después de un infarto. Cuando una arteria coronaria se obstruye y una parte del músculo cardíaco queda sin oxígeno, los cardiomiocitos pueden morir. El organismo inicia entonces un proceso de reparación que termina formando tejido cicatricial. Esa cicatriz ayuda a mantener la estructura del corazón, pero no se contrae como el músculo cardíaco sano y puede contribuir, con el tiempo, al deterioro de la función del órgano.

Es precisamente en ese punto donde entra el trabajo de Ferrer y su equipo.

La propuesta consiste en un hidrogel bioactivo que puede ser aplicado directamente en la zona del corazón afectada. La tecnología desarrollada por el equipo está inspirada en las propiedades de la membrana amniótica, un tejido asociado a la placenta que posee características biológicas de interés para la reparación de tejidos.

La investigación comenzó precisamente a partir del estudio de esa membrana. La Universidad Favaloro señala que el equipo trabaja en un hidrogel bioactivo para tejido cardíaco, mientras que la propia empresa surgida del proyecto, Amnova Biotech, explica que su tecnología busca reproducir señales biológicas capaces de favorecer procesos de reparación.

El objetivo no es simplemente colocar un material dentro del corazón, sino generar un microambiente que ayude al tejido lesionado a activar mecanismos de reparación. De acuerdo con la descripción del desarrollo, el biomaterial está diseñado para liberar señales bioactivas que favorezcan procesos como la formación de nuevos vasos sanguíneos y la actividad celular necesaria para la recuperación del tejido.

Una de las características que distinguen al proyecto es que se plantea como una tecnología libre de células. Es decir, no se pretende introducir células vivas para reconstruir directamente el corazón, sino utilizar un biomaterial capaz de proporcionar señales que estimulen los mecanismos propios del organismo.

La idea puede parecer sencilla cuando se explica en pocas palabras, pero detrás existe un problema científico de enorme complejidad: conseguir que un corazón adulto, que normalmente responde a una lesión formando una cicatriz, reciba las señales adecuadas para favorecer una reparación más funcional.

El proyecto no surgió de la noche a la mañana. Antes de convertirse en una propuesta empresarial, formó parte del trabajo académico de Ferrer. Según información difundida por Amnova Biotech, el desarrollo del hidrogel se originó en su proyecto de tesis doctoral y posteriormente se estableció una colaboración con el Banco Argentino de Tejidos de Membrana Amniótica, conocido como AMNIOS BMA.

La investigación obtuvo además un reconocimiento antes de que Ferrer alcanzara notoriedad pública. En 2025, el equipo encabezado por Daniela Olea recibió una mención especial en el Premio César Milstein a la investigación en Biotecnología con impacto en salud. El trabajo fue presentado bajo el título “Efecto Cardiorregenerativo de la membrana amniótica humana descelularizada en un modelo preclínico de infarto agudo de miocardio”. Entre los integrantes reconocidos se encontraba Pilar Ferrer.

El reconocimiento resulta relevante porque muestra que el proyecto no apareció recientemente como una idea improvisada a raíz de su exposición mediática. Existe detrás una línea de investigación que lleva años desarrollándose en el ámbito académico y que ha transitado desde la investigación básica hacia una posible aplicación biotecnológica.

La propia Ferrer explicó en una entrevista televisiva cómo llegó hasta este campo de investigación. Es licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Favaloro y eligió una orientación vinculada con la biotecnología, disciplina que busca convertir conocimientos obtenidos en el laboratorio en productos o servicios con potencial de aplicación social. Posteriormente ingresó al ámbito de la medicina regenerativa cardiovascular y comenzó a trabajar en terapias relacionadas con el daño provocado por los infartos.

“Me encantaba entender cómo funcionaba todo el cuerpo humano, los animales”, explicó al hablar sobre el origen de su interés por las ciencias biológicas durante su participación en el programa Otro día perdido.

Su trayectoria también la llevó al IMETTyB como becaria doctoral. La Universidad Favaloro la identifica actualmente como licenciada en Ciencias Biológicas y becaria doctoral del instituto, mientras que Amnova Biotech la presenta como su directora ejecutiva y señala que continúa su formación doctoral.

A partir de la investigación académica nació también Amnova Biotech, una startup dedicada al desarrollo de terapias regenerativas. La empresa presenta como una de sus principales líneas una terapia regenerativa inyectable destinada al corazón después de un infarto. Ferrer aparece como CEO y bióloga dentro del equipo, acompañada por especialistas en biotecnología, farmacia, bioquímica y otras áreas.

La transformación de un proyecto universitario en una empresa de base científica fue, además, una respuesta a uno de los grandes obstáculos que enfrenta la investigación: el financiamiento. De acuerdo con información publicada por la propia compañía, el equipo recurrió a un plan de negocios y posteriormente obtuvo respaldo del Centro de Innovación Tecnológica, Empresarial y Social, CITES, para avanzar en el desarrollo.

Y aunque los titulares han presentado el proyecto como un “gel que repara el corazón”, la realidad científica es mucho más interesante y, al mismo tiempo, exige cautela.

El hidrogel aún no es una terapia disponible para personas. El equipo ha realizado estudios en células y se encuentra avanzando en estudios con animales antes de poder plantear ensayos clínicos. La propia Ferrer explicó que el objetivo es completar las distintas etapas experimentales y de seguridad antes de llegar a un paciente.

Esta distinción es fundamental. Un resultado positivo en laboratorio o en modelos animales no garantiza que una terapia vaya a funcionar de la misma manera en seres humanos. Antes de que pueda utilizarse en pacientes deben demostrarse su seguridad, eficacia, dosis adecuada, forma de administración y posibles efectos adversos mediante estudios rigurosamente controlados.

Pero precisamente porque todavía está en investigación, el trabajo resulta relevante: intenta resolver uno de los grandes problemas pendientes de la cardiología moderna.

Actualmente existen tratamientos capaces de salvar vidas después de un infarto y de reducir el riesgo de nuevos eventos, entre ellos medicamentos, angioplastias y cirugías de revascularización. Sin embargo, estas intervenciones no necesariamente consiguen reconstruir el músculo cardíaco que ya murió durante el infarto. La propuesta de Ferrer y su equipo apunta a una etapa diferente: intervenir sobre el tejido lesionado para favorecer procesos regenerativos.

La investigación argentina parte de una observación de la naturaleza. La membrana amniótica pertenece a un entorno biológico especializado en el desarrollo y protección de una nueva vida, y sus propiedades han despertado desde hace años el interés de la medicina regenerativa. El equipo de Favaloro decidió estudiar si algunas de esas señales podían aprovecharse para ayudar a un corazón lesionado.

“Empezamos trabajando con membrana amniótica, que es una parte de la placenta, que es justamente un tejido que se encarga de generar vida”, explicó Ferrer durante su entrevista. Posteriormente, el grupo desarrolló la idea de convertir ese conocimiento en un biomaterial con potencial terapéutico.

La investigación ya había dado señales alentadoras antes de convertirse en noticia internacional. El proyecto que recibió la mención especial del Premio César Milstein fue precisamente un estudio preclínico sobre el efecto cardiorregenerativo de la membrana amniótica humana descelularizada en modelos de infarto agudo de miocardio.

En otras palabras, no se trata de una solución milagrosa ni de un producto que pueda comprarse o aplicarse actualmente a una persona que sufrió un infarto. Es una línea de investigación que intenta demostrar que un biomaterial puede modificar favorablemente el proceso de reparación del corazón.

La historia de Pilar Ferrer también pone rostro a una generación de jóvenes científicas argentinas que está intentando convertir el conocimiento producido en universidades y centros de investigación en soluciones concretas para problemas de salud.

Con apenas 25 años, Ferrer combina su formación como bióloga con la investigación doctoral y el emprendimiento científico. Su papel dentro del proyecto es una muestra de cómo la medicina regenerativa requiere cada vez más de equipos multidisciplinarios, en los que convergen biología, medicina, bioingeniería, biotecnología, farmacología y emprendimiento.

Y hay otro elemento que no debe perderse de vista: Ferrer no trabaja sola. Detrás del desarrollo se encuentra un equipo encabezado por Daniela Olea y María del Rosario Bauzá, junto con otros investigadores del Laboratorio de Medicina Regenerativa Cardiovascular de la Universidad Favaloro-CONICET. La propia institución ha destacado la labor colectiva del grupo.

Por eso, más que hablar del “invento de una joven”, la historia de Pilar Ferrer representa el recorrido de una investigación científica colectiva en la que una joven bióloga se ha convertido en una de sus principales caras visibles.

Su trabajo parte de una pregunta que durante décadas parecía casi imposible de responder: ¿es posible conseguir que un corazón adulto vuelva a reparar, al menos parcialmente, el músculo perdido después de un infarto?

La respuesta todavía no está escrita. Faltan experimentos, pruebas de seguridad y, eventualmente, ensayos clínicos en seres humanos. Pero la investigación argentina ya ha conseguido algo importante: demostrar que existen caminos científicos para intentar modificar la manera en que el corazón responde a una lesión.

En una época en la que las enfermedades cardiovasculares continúan cobrando millones de vidas cada año, esa búsqueda tiene un enorme valor. La Organización Mundial de la Salud recuerda que buena parte de las enfermedades cardiovasculares pueden prevenirse mediante el control de factores de riesgo como el tabaquismo, la alimentación poco saludable, el sedentarismo y el consumo nocivo de alcohol.

La innovación de Ferrer y su equipo, por tanto, no sustituye la prevención ni los tratamientos que ya existen. Su importancia está en otro lugar: intentar que, cuando un infarto ya ocurrió y el corazón ha sufrido un daño irreversible, la medicina tenga algún día la posibilidad de hacer algo más que contener las consecuencias.

Todavía no se puede decir que el gel cure el corazón. Lo que sí puede afirmarse, con base en la información disponible, es que Pilar Ferrer participa en un proyecto científico argentino que busca conseguirlo y que ya ha avanzado desde la investigación experimental hacia el desarrollo de una posible terapia regenerativa.

Y quizá ahí reside lo extraordinario de esta historia: no en presentar una cura que todavía no existe, sino en mostrar cómo una joven científica decidió estudiar una de las fronteras más difíciles de la medicina y convertir una pregunta de laboratorio en una esperanza que, si logra superar todas las pruebas que aún tiene por delante, algún día podría llegar al corazón de millones de personas.

La nota está sustentada principalmente en información de la Universidad Favaloro, IMETTyB-CONICET, Amnova Biotech, la entrevista de Ferrer y fuentes médicas de referencia.