*Ofreció un conversatorio el viernes 8 de mayo en la Sala Miguel Covarrubias
*Se cumplen 10 años de reunir a las comunidades científicas y artísticas para ofrecer al público una aproximación ingeniosa de cómo se entrelazan ambas disciplinas: arte y ciencia.
Roberto Frías / CulturaUNAM
No es una mujer del Renacimiento, sino del futuro. La destacada neurocientífica y música estadunidense Elaine Bearer se formó primero como compositora (su disertación final de maestría fue sobre la innovación estructural en los cuartetos de Haydn) dedicándose a la composición y a la docencia en San Francisco, cuando decidió que quería también analizar el cerebro humano y estudió biología en Stanford, comenzando una carrera en neurociencia que la ha llevado a trascender las fronteras de la investigación científica.
Bearer es la conferencista encargada de inaugurar El Aleph. Festival de Arte y Ciencia, que en 2026 cumple diez años de reunir a las comunidades científica y artística para ofrecer a la Universidad y al público en general una aproximación ingeniosa, divertida y comprensible de las relaciones entre ambas.
El tema de aniversario será el de las Nuevas Narrativas, es decir, cómo ciertos paradigmas inéditos, derivados de la tecnología, del cambio del horizonte de expectativas y del panorama cultural han contribuido para generar otras formas de contar lo artístico y lo científico.
El viernes 8 de mayo a las 12 p. m., Elaine dará la conferencia magistral para la inauguración del festival: “La música del universo y la danza de las neuronas”, en torno a cómo estos dos emprendimientos se relacionan. Hacia el final, será interpretada una de sus composiciones en el foro Aldea Aleph y en la Sala Miguel Covarrubias.
Ese mismo día, pero a las 5 p. m., se le podrá escuchar como participante invitada en el programa Radio Aleph, que se transmitirá por Radio UNAM.
El lunes 11 de mayo, a las 12 p. m., en el Auditorio Antonio Peña del Instituto de Fisiología Celular, participará en el conversatorio y conferencia “Estados cerebrales”, donde se hablará sobre diferentes estados de conciencia en el cerebro sano y enfermo.
Sobre su aprendizaje, Elaine menciona siempre a su padre, ingeniero eléctrico que trabajaba para una corporación de gran envergadura y que tenía un laboratorio en el sótano de la casa.
“Yo jugué en ese laboratorio con él y diseñé circuitos, su trabajo estaba enfocado en telecomunicaciones. Ahora, en la música y en la ciencia, estoy dedicada a explorar las comunicaciones, así que no fue un gran cambio ir de la música a la ciencia”, comenta.
Sus investigaciones, a través de diversas herramientas de análisis, como la resonancia magnética, han contribuido a comprender mejor la mecánica de desórdenes humanos neuropsicológicos como el síndrome de Down, la enfermedad de Alzheimer, la transición del miedo a la ansiedad o las infecciones virales del cerebro, entre otras.
“He estudiado muchas afecciones, entiendo ahora que el cerebro está hecho de múltiples circuitos, y que los padecimientos que impactan a esos circuitos obtienen un resultado determinado con base en el circuito que afectan. También he jugado con diversas ideas sobre la cognición, que es cómo pensamos, en cómo emerge nuestra imaginación en esta red compleja de nuestras cabezas, en cómo las enfermedades intervienen con esa red”, señala.
La misma curiosidad anima su labor musical, que lo mismo se interna en la construcción de un magnificat o un oratorio que en música de vanguardia –como Density silver water, solo de flauta con proyecciones interactivas de video; o The Replication Machine, dúo para viola y clarinete con lecturas y participación de la audiencia–. Además, ha escrito más de cien composiciones.
“La música agradable libera dopamina, la hormona del placer”, explica Elaine, conocedora de la obra de Silvestre Revueltas y para quien la vinculación entre música y ciencia es permanente en su vida.
Se declara mala para el pensamiento cartesiano, es decir, para la lógica racional rigurosa que divide las cosas en blanco y negro, y no ve con buenos ojos que los artistas se encuentren aislados en sus muy especializadas áreas de trabajo. Así, las preguntas que se plantea hoy en torno a los misterios del cerebro suenan tan científicas como artísticas: “¿De dónde vienen los sueños? ¿De dónde surge la imaginación? ¿A dónde va nuestra mente cuando morimos?”. Para la científica, el cuerpo y el cerebro tienen una conversación que comprendemos muy poco.
En su papel de editora de una revista científica, advierte en los manuscritos que revisa que existe un gran cruce entre ciencias y tecnologías, que los conceptos de unas disciplinas se aplican en otras. Y, por supuesto, muy temprano, a lo largo de su educación y de su trabajo, pudo ver que la computadora era el espacio de encuentro de su ciencia y de su arte.
“Gradualmente, el tiempo que pasaba en la computadora para hacer ciencia y el tiempo que pasaba para hacer música se unían. Y usaba un código similar para ambos tipos de trabajo. Así que Python puede hacerlo todo. La computadora se convirtió en un punto de apoyo para el sube y baja entre la ciencia y el arte. Y creo que eso está sucediendo mucho. Las computadoras contribuyen al arte, a la música y a la evolución conceptual de nuestra ciencia”, afirma.
“No quiero hablar sobre la inteligencia artificial, así que espero que nadie me pregunte sobre eso. Lo único que diré es que la IA no creo que pueda escribir música emocional”, concluye.
Gaceta Unam












