*Palabra de Malinche.
/ Escrito por Cirenia Celestino Ortega /
En México, el 86.1% de la población utiliza internet y el 78.3% de los hogares cuentan con conexión a la red, según los datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Entre las personas usuarias de internet destacan las niñas de 12 años hasta adultas de 44 años principalmente, aunque los hombres tienen un mayor acceso al internet, 84.1 por ciento frente a 82.3 por ciento de las mujeres, por lo cual es necesario revisar para qué se esta usando.
A raíz del caso Pelicot y otros, hemos observado la organización digital de hombres que se reúnen en la red para producir y consumir explotación sexual de las mujeres, se comparten tips para cometer violaciones, venden productos -y mujeres- para hacerlo e incluso construyen redes de complicidad con condiciones que garantizan su anonimato e impunidad.
No son monstruos, son hombres comunes que comparten fotografías de mujeres desnudas sin su consentimiento por whats app, quienes alimentan plataformas donde otras mujeres acceden a producir y vender “contenido”, son esos que normalizan circular videos, imágenes e incluso stikers en los que refuerza la opresión sexual de las mujeres.
Por otro lado, mucho hemos criticado la dificultad de la organización de las mujeres, sin embargo, a través de las redes sociales hemos logrado estructurar estrategias de denuncia y protesta para acompañar casos concretos de violencia.
Recientemente las estudiantes universitarias de Morelos se manifestaron por los casos de feminicidio que evidencian la falta de seguridad, de medidas de prevención y de protocolos de actuación por parte de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.
La pregunta no es si sucedieron o no dentro de las instalaciones de la universidad sino qué están haciendo las autoridades para trabajar de manera coordinada para prevenir la violencia, investigar para dar con los responsables, sancionar y evitar la repetición de hechos violentos contra las universitarias.
No es la primera vez que las universitarias muestran el alcance de su organización. En 2019, las estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mantuvieron en paro 11 escuelas y facultades para exigir soluciones frente al acoso y violencia sexual.
Casi un año de paro, en enero de 2020 el secretario general de la Facultad de Filosofía y Letras, Ricardo García Arteaga, presentó su renuncia al cargo y en febrero de 2020, el Consejo Universitario de la UNAM aprobó la tipificación de la violencia de género como una falta grave y anunció la creación de la Comisión de Igualdad de Género para atender estos casos.
En 2022, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) también vivió un paro derivado de denuncias de violencia contra las estudiantes de 8 de sus escuelas y cuatro vocacionales. En respuesta, la Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género integró una Comisión de Género integrada por estudiantas y autoridades para revisar y actualizar el protocolo para prevención, detección, atención y sanción de la violencia de género en el Instituto Politécnico Nacional (IPN).
El IPN anunció entonces que sancionó a 192 trabajadores de la institución y 111 a estudiantes.
A pesar de ser una sociedad hiper conectada, el acceso a internet puede tener otros usos, como la denuncia y sostener la esperanza. A través de nuestras redes sociales y plataformas organizarnos contra el sistema que favorece la violencia en nuestra contra.
La resistencia de las universitarias tiene resultados, fuerza a las estudiantas de Morelos y desde acá y cada rincón del mundo, todo nuestro apoyo digital.

