La sombra y el polvo de la zozobra

*NEMESIS.

/ Fernando Meraz Mejorado /

El miedo no viene de golpe, como el rayo que parte la noche, se filtra despacio, como el agua que se cuela por las rendijas del muro, como el frío que se queda en los huesos mucho después de que sale el sol. Hoy camina por las calles de México con paso callado, se sienta en las mesas de las cocinas, se asoma en las miradas que se cruzan en el mercado, y deja en la boca un sabor a cieno y a silencio.

Se dice allá, se murmura acá: que desde el norte viene una mano que busca alzar lo que está enraizado en el lodo. Hablan de nombres que pesan como piedras, de lazos tejidos en la oscuridad entre el poder y la sombra, como dos ramas que crecieron juntas hasta confundirse en un mismo tronco. Nadie sabe con certeza dónde termina una y empieza la otra; nadie sabe si lo que se ve es solo la corteza, o si la podredumbre llegó hasta la médula.

La incertidumbre es ese vaho que empaña los cristales: miramos a través de él y solo vemos formas borrosas, sombras que se alargan o se encogen al antojo del viento.

¿Vendrán? ¿Se llevarán a unos y dejarán a otros, como quien arranca unas malas hierbas y olvida las que siguen creciendo bajo el suelo? ¿O será todo solo un eco, una voz que grita en el desierto para que nosotros mismos nos asustemos de nuestra propia sombra?

El país es un campo que tiembla antes de la tormenta. Cada rumor es un trueno lejano; cada noticia, una gota que hace desbordar el vaso. Nos han enseñado a temer tanto al que llega de fuera como al que vive dentro de nuestra casa: al que dice venir a poner orden, y al que dice cuidarnos; al que tiene el puño levantado y al que extiende la mano. Porque hemos visto demasiadas veces que la justicia a veces se viste de capricho, y el poder cambia de camisa como quien cambia de estación, pero sigue siendo el mismo cuerpo el que lo sostiene.

A veces parece que somos un pueblo que camina sobre un suelo de hielo delgado: un paso en falso, un movimiento inesperado, y todo se rompe en pedazos bajo nuestros pies. Y mientras tanto, la vida sigue: el nixtamal hierve, el pan se hornea, los niños van a la escuela, así, el sol se oculta tras las montañas como si nada pasara. Pero hay un hilo tenso que cruza el aire, un silencio que se apodera de las palabras cuando se tocan ciertos temas, como si las paredes mismas tuvieran oídos y cada rincón guardara un secreto que nos puede costar la vida.

Quizás todo sea solo niebla que se disipará cuando amanezca. O quizás sea el comienzo de algo que no sabremos nombrar hasta que ya esté aquí. Mientras tanto, el miedo sigue caminando con nosotros, un compañero silencioso que nos mira desde el fondo del espejo, y nos recuerda que esta tierra nuestra, tan llena de historia y de sangre, también está hecha de dudas y de esperas, como una semilla que no sabe si la lluvia la hará florecer o la ahogará para siempre.