#FeminicidioEmocional: La violencia psicológica contra las mujeres también es un problema de desigualdad de género

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*La violencia psicológica de género no ocurre únicamente dentro de las relaciones de pareja. María Elena Esparza Guevara advierte que burlas, celos, control y otras conductas normalizadas forman parte de un problema estructural.

*Escrito por Georgina Monroy Vázquez

28.09.2026 /CimacNoticias.com/ La violencia psicológica contra las mujeres no puede entenderse únicamente como un conflicto entre dos personas ni reducirse a un problema privado de pareja. Detrás de conductas que pueden parecer cotidianas —como las burlas, los celos o el control disfrazado de protección— existen condiciones sociales y culturales que contribuyen a normalizar las agresiones por razones de género.

Así lo plantea María Elena Esparza Guevara, doctora en Historia del Pensamiento por la Universidad Panamericana, maestra en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana y egresada del Programa de Liderazgo de Mujeres de la Universidad de Oxford, quien en su libro Feminicidio Emocional. El drama de las mujeres muertas en vida (Trilce Ediciones, 2026) aborda las expresiones de violencia que pueden permanecer invisibilizadas antes de llegar a formas más graves.

Para la fundadora de Ola Violeta AC, nombrar estas conductas permite identificar señales tempranas y abrir una conversación sobre prevención.

La violencia no comienza con la agresión más extrema

Esparza Guevara explica que la violencia de género debe comprenderse como un fenómeno estructural y en escalada. Por ello, considera importante prestar atención a las primeras manifestaciones de violencia psicológica.

Un ejemplo aparece en conductas que socialmente pueden interpretarse como bromas o muestras de afecto.

“Bromas hirientes o burlas” pueden ser parte de esas primeras señales, señala la autora. Lo mismo ocurre con los celos presentados como una muestra de preocupación o protección.

El problema, sostiene, aparece cuando esas conductas se interpretan como asuntos privados de una pareja y no como expresiones de una desigualdad que atraviesa distintos espacios sociales.

La pregunta que suele hacerse a las mujeres —“¿por qué no lo deja?”— desplaza la responsabilidad hacia quien enfrenta la violencia y deja fuera las condiciones que permiten que esas agresiones sean toleradas o normalizadas.

La violencia no desaparece únicamente porque termine una relación, plantea Esparza Guevara, porque las condiciones que la permiten también están presentes en otros espacios de convivencia.

Del hogar al trabajo y los espacios públicos

Aunque buena parte de la conversación sobre violencia psicológica se concentra en las relaciones de pareja, la entrevistada advierte que las agresiones contra las mujeres también ocurren en espacios laborales, comunitarios y públicos.

La propia exposición de las mujeres a situaciones de acoso y violencia en espacios públicos, señala, evidencia que no se trata únicamente de conflictos privados.

Por ello, considera necesario dejar de pensar la violencia de género como un asunto que corresponde exclusivamente a quienes integran una pareja y reconocer la responsabilidad colectiva en su prevención.

Familias, escuelas, instituciones públicas, organizaciones religiosas, empresas y sociedad civil forman parte de esa responsabilidad.

También las plataformas digitales, agrega, deben incorporarse a la discusión, particularmente ante la posibilidad de utilizar herramientas de inteligencia artificial para sexualizar o manipular imágenes de mujeres sin su consentimiento.

El papel de los medios en la normalización de la violencia

Los medios de comunicación también tienen una responsabilidad en la manera en que la sociedad comprende y reproduce la violencia contra las mujeres.

Esparza Guevara advierte que no puede hablarse de los medios como si fueran un bloque homogéneo: existen prácticas periodísticas que revictimizan y reproducen las versiones de los agresores, pero también medios feministas que han construido otras formas de narrar estas violencias.

En ese sentido, destaca el trabajo de medios como CIMAC, al considerar que colocan en la conversación aspectos que suelen quedar fuera de la cobertura tradicional.

La autora recuerda que, frente a casos de violencia contra estudiantes y otras mujeres, algunos medios han colocado en sus titulares la versión de los presuntos agresores como si se tratara de una verdad que debía ser validada.

Para Esparza Guevara, los medios que trabajan con perspectiva de género pueden contribuir a modificar esas prácticas y a construir narrativas que no responsabilicen a las víctimas ni legitimen las versiones de quienes ejercen violencia.

Nombrar las violencias para prevenirlas

En su libro, Esparza Guevara utiliza el concepto “feminicidio emocional” para nombrar, desde su propuesta de análisis, una crisis que considera invisibilizada.

La autora aclara que su intención no es equiparar este concepto con el feminicidio como delito ni minimizar los asesinatos de mujeres por razones de género. Por el contrario, plantea que la contundencia del término busca generar alerta sobre aquellas expresiones iniciales de violencia que pueden pasar inadvertidas.

Su propuesta parte de una premisa: si la violencia de género es estructural, su prevención también requiere mirar las conductas que la sociedad ha aprendido a considerar normales.

Así, identificar una burla, un comentario humillante, el control o los celos como posibles expresiones de violencia permite cambiar la pregunta de “¿por qué ella se queda?” hacia otra más amplia: ¿qué condiciones hacen posible que esa violencia sea normalizada?

Una lectura que pase de mano en mano

Al final de la conversación, la autora dirigió un mensaje a las lectoras de CIMAC y llamó a convertir la lectura en una forma de conversación colectiva.

Su propuesta es que el libro no permanezca únicamente en quien lo compra, sino que circule entre hermanas, madres, amigas, vecinas y otras mujeres de las redes personales.

La intención, explicó, es que esa circulación contribuya a reconocer que las experiencias de violencia psicológica “no estaban exagerando”, “no estaban locas” ni eran simplemente “dramáticas”, sino que pueden formar parte de un problema real que requiere ser identificado y discutido.