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/ Jaime Quintana Guerrero /
Kenia Hernández es una mujer indígena de un pueblo sencillo, lleno de tradición y cultura. Sus mujeres defienden el territorio y la identidad todos los días, los telares no descansan y los hombres van al campo vestidos de manta blanca. Es de la comunidad de Suljaá, del pueblo nn’anncue ñomnda (la palabra del agua), al sur del estado de Guerrero.
Abogada y defensora de los derechos humanos, activista e impulsora de la libertad de presos políticos y de los derechos de las mujeres, formó parte de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias- Policía Comunitaria (CRAC-PC). Hoy, se encuentra detenida en prisión, como desde hace más de 6 años, y es considerada por organismos nacionales e internacionales como presa política.
Los pobres de la ciudad y del campo son delincuentes, cuando cierran una calle, cuando toman un autobús, cuando se defienden de la policía, cuando levantan la mano y una bandera de proclamas, cuando se juntan con otros barrios pobres. Son apresados, maltratados y criminalizados, y, como diría Luis Buñuel, son los olvidados.
Hernández fue encarcelada el 6 junio de 2020, en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Antes fue detenida tres ocasiones más por exigir la libertad de presos políticos, cerrar casetas de peaje, bloquear calles y autopistas, como es costumbre del movimiento social en Guerrero para hacerse escuchar ante la sordera y la ceguera de uno de los estados y gobiernos más señalados por corrupción.
Las denuncias en su contra provienen de concesionarias de peaje, que le pagan al gobierno y que se alejan de la soberanía nacional. Concretamente, la empresa que levanta las acusaciones es la Concesionaria Mexiquense S.A. de C.V, una concesión privada, avalada por el gobierno y la «soberanía nacional».
Kenia fue acusada de robo con violencia en una caseta y condenada a 21 años de cárcel. Después fue acusada de ataques a las vías de comunicación, y en suma fueron nueve causas de tipo penal en Morelos, Guanajuato, y el Estado de México, como si fuera «una súper poderosa» capaz de provocar tantos daños al mismo tiempo.
Los territorios de los pobres son invadidos por el crimen organizado, por partidos políticos, unos criminales y los demás corruptos. Mediatizado por mentiras, idealizados, los pobres son utilizados y estigmatizados, no hay proletario que no sea delincuente, o guerrillero, o vándalo, pero tampoco no hay territorio pobre que no sea una veta para el poder electoral.
Es caso de Kenia Inés Hernández es un ejemplo de lo que se castiga desde la Cuarta Transformación, que atenta contra una mujer que se radicaliza, pero también es paranoia contra la ultraderecha, el miedo que sanciona las demandas de libertad. Es el poder que se acerca más al autoritarismo y brinda un pie a la dictadura. ¿Por qué aún existen presos políticos?
La presa política Kenia es la única mujer que el movimiento social y popular de Guerrero reivindica. Desde la Montaña de Guerrero hasta la Costa de Chiapas es reconocida: ¿Entonces por qué se olvida?
Dentro de la cárcel no se queda quieta, se reinventa la sobrevivencia en el calzado. Afuera tiene a su cría y sus compañeros. Adentro acuerpa a las demás detenidas, asesora el desconsuelo de las presas, reivindica el juego de fútbol y escribe lo que ve.
La Comisión Nacional de Derechos Humanos y organismos locales han sido omisos, pues no dan seguimiento al caso. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha manifestado su preocupación sobre el caso, la ONU se pronuncia por su libertad, sin embargo ella sigue presa.
La violencia es generalizada y la criminalización es un patrón contra los de abajo. La fabricación de delitos y la complicidad de las autoridades en la administración de justicia forman parte de un sistema podrido y sumergido en la corrupción, que deja la justicia en manos de intereses territoriales y del dinero. La prisión es una forma de desalentar la protesta social, silenciar a los rebeldes y desmoralizar a los que se mantienen en la resistencia.
Las cárceles del país aún tienen el sello de la vergüenza y corrupción, la justicia está marcada por intereses del poder, es por ello que se sigue gritando: «¡Libertad a presos políticos e injustamente detenidos!».
Los Olvidados, una crisis estructural de un México que, poco a poco, nos grita un cambio nuevo.

