María Negroni: la poesía como resistencia política.

*Socorro Venegas, María Negroni y Rosa Beltrán. Foto: Libros UNAM.

Con un recorrido por la obra y las reflexiones que la escritura ha dejado en su vida, la poeta y novelista, María Negroni, cerró las actividades de la edición 18 de la Fiesta del Libro y la Rosa. En el conversatorio “La escritura desobediente” estuvo acompañada por Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural, y Socorro Venegas, directora general de Publicaciones y Fomento Editorial. Además, la autora argentina impartió el taller “Desatar la lengua de la sombra”, experiencia única para explorar las múltiples formas de la escritura junto a una de las voces más destacadas de la literatura contemporánea.

María Negroni reflexionó sobre su escritura como resultado de su propia infancia. Recordó que su madre padeció asma, por lo que había que “decir lo más posible con la menor cantidad de palabras”. Debido a esto, la describe como “condensada, despojada, sin adornos. Va como medio al hueso de las cosas”.

La escritura, señala Negroni, es un cúmulo de experiencias propias e incluso de otros que ya pensaron, soñaron y escribieron. Por eso ha intentado, a lo largo de toda su trayectoria, “desmitificar la idea del terror ante la página en blanco. La página en blanco no existe: está llena de todo lo que se ha escrito desde el comienzo de los tiempos”. Rosa Beltrán preguntó a la escritora: “¿cómo es que abordando los mismos temas, siempre son tan distintos tus libros? Al estarte leyendo, yo decía: cómo es posible que me esté hablando de esto y me dice cosas tan disímbolas, a veces incluso contradictorias, y todas son citas citables”.

Ejemplo de este estilo heterogéneo son sus libros Film Noir (2021), en el cual hace un reconocimiento a Joseph Cornell, “un artista extraordinario que hacía cajas con objetos encontrados” para crear una obra de arte fílmica; Objeto Satie (2018), en el que explora su admiración por el compositor y pianista francés Erik Satie. “Tenía 50 años cuando las vanguardias parisinas estaban en auge. Era mayor que Picasso o los dadaístas, pero tan excéntrico, que los jóvenes lo rodeaban”.

Por otro lado, Cartas extraordinarias (2013) se inspiró en una colección que se publicaba en Argentina, llamada Robin Hood. Se trataba de libros ilustrados para niños con un texto completo. Con esa idea, reúne correspondencia apócrifa entre personajes emblemáticos de la literatura: Charles Dickens, Lewis Carroll o Mary Shelley, autores presentes en la colección. “En realidad, lo que hago es abrir un espacio de libertad, que es un espacio de imaginación. Para mí, libertad e imaginación son lo mismo”. Al respecto, Socorro Venegas advirtió que la obra de Negroni “ofrece una resistencia a las definiciones, a las clasificaciones, a esta noción de encasillar en géneros literarios la escritura”.

La poesía tiene otra finalidad. Para María Negroni, la lírica es el espacio de la sutileza y la ambivalencia; pero también de la disidencia. Su postura política durante la dictadura en Argentina, la llevó a transformar en versos el sentimiento de abandono de toda una generación por parte del Estado. Negroni explicó que la poesía se opone al sentido común. “Y en ese sentido tiene una función política muy importante, porque los discursos que se autoadjudican la verdad —los discursos políticos, incluso los bien pensantes, los discursos del poder— son autoritarios”.

Sus libros Archivo Dickinson (2018), en el que subvierte la figura de la poeta solitaria o Exilium (2016), en el que aborda el desarraigo, la pérdida y la experiencia de ser extranjera, son muestra de esa poesía que no busca la métrica sino una escritura que cuestiona los discursos hegemónicos, desarma las nociones de identidad y patria, y convierte el lenguaje en un espacio político desde el cual resistir, recordar y reconfigurar la memoria.

Con una obra que transita entre la poesía, el ensayo y la narrativa, María Negroni ha hecho de la escritura un espacio de exploración constante, donde pensamiento e imaginación se entrelazan. Su trabajo, atravesado por la memoria, el lenguaje y una mirada crítica sobre la realidad, confirma una trayectoria sólida y coherente, en la que cada libro dialoga con los anteriores y abre nuevas preguntas.