Mette-Marit, de madre soltera a reina de Noruega: una mujer que llegó a la monarquía sin pertenecer a ella

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Mette-Marit Tjessem Høiby se convirtió este viernes en reina consorte de Noruega tras la muerte de Harald V y la llegada al trono de su esposo, Haakon VIII. Su ascenso representa una historia distinta dentro de las monarquías europeas: no nació en una familia aristocrática, llegó a la Casa Real como madre soltera y durante años tuvo que enfrentar el escrutinio público sobre su vida privada, su pasado y sus decisiones.

Nacida el 19 de agosto de 1973 en Kristiansand, Mette-Marit creció fuera de los círculos de poder. Su padre fue el periodista Sven O. Høiby y su madre, Marit Tjessem, trabajó en el sector bancario. Antes de conocer a Haakon, tuvo una vida independiente de la institución monárquica y en 1997 se convirtió en madre de Marius Borg Høiby, nacido de una relación anterior.

Ese aspecto de su vida fue uno de los elementos que marcó su llegada a la familia real. Cuando comenzó su relación con Haakon, el entonces príncipe heredero, Mette-Marit no solamente era una mujer ajena a la aristocracia, sino también una madre que ya tenía un hijo. La relación generó críticas y una intensa cobertura mediática en Noruega.

La pareja se conoció en 1999 y se casó el 25 de agosto de 2001 en la catedral de Oslo. Con el matrimonio, Mette-Marit se convirtió en princesa heredera. La Casa Real noruega señala que desde entonces asumió actividades oficiales y funciones de representación dentro y fuera del país.

Su incorporación a la monarquía estuvo acompañada por una particularidad que también modificó la percepción tradicional de la familia real: Marius, el hijo que Mette-Marit tuvo antes de su matrimonio, pasó a formar parte de la familia del heredero. Sin embargo, nunca recibió título real ni derechos sucesorios.

La pareja tuvo posteriormente dos hijos: Ingrid Alexandra, nacida en 2004, y Sverre Magnus, nacido en 2005. Con la llegada de Haakon al trono, Ingrid Alexandra, de 22 años, se convirtió en princesa heredera y primera en la línea de sucesión. La legislación noruega establece una sucesión basada en la primogenitura con independencia del género, por lo que una mujer puede ocupar el trono en igualdad de condiciones con un hombre.

Una historia marcada por el escrutinio sobre las mujeres

La trayectoria de Mette-Marit también ha estado acompañada por una atención especialmente intensa sobre su vida personal. Antes de convertirse en integrante de la familia real, su pasado fue ampliamente examinado por medios de comunicación y sectores de la sociedad noruega.

Durante el proceso que antecedió a su matrimonio, ella habló públicamente de errores cometidos durante su juventud. La exposición de su vida privada contrastó con el tratamiento tradicional que durante décadas habían recibido integrantes de las familias reales, cuyas relaciones personales y antecedentes permanecían en gran medida dentro de los límites de la institución.

Su historia se convirtió así en parte de una discusión más amplia sobre qué características debe tener una mujer para incorporarse a una monarquía moderna y cuánto de su pasado debe ser sometido al escrutinio público.

Mette-Marit también construyó una agenda propia dentro de la institución. Uno de sus principales ámbitos de trabajo ha sido la literatura y la promoción de la lectura. La Casa Real noruega registra su participación como patrona de organizaciones y proyectos destinados a impulsar actividades culturales y sociales.

Una reina que llega al trono en medio de controversias

Su llegada al título de reina ocurre en un momento complejo para la monarquía noruega. La institución enfrenta cuestionamientos relacionados con distintos integrantes de la familia, entre ellos el caso de Marius Borg Høiby y las revelaciones sobre los contactos que Mette-Marit mantuvo con Jeffrey Epstein.

La relación con Epstein ya había sido objeto de cuestionamientos anteriormente. En 2019, Mette-Marit pidió disculpas por haber tenido contacto con él. En 2026, nuevas revelaciones volvieron a colocar el tema bajo escrutinio y generaron preguntas sobre las circunstancias y la naturaleza de esos encuentros.

El proceso judicial contra su hijo Marius también tuvo repercusiones para la familia real. La situación ha generado atención pública sobre Mette-Marit como madre y como integrante de la institución monárquica, aunque Marius no desempeña funciones oficiales ni forma parte de la línea de sucesión.

A ello se suma su situación de salud. Mette-Marit fue diagnosticada con fibrosis pulmonar crónica en 2018. En junio de 2026 recibió un trasplante de pulmón en el Hospital Universitario de Oslo y posteriormente fue dada de alta. La Casa Real confirmó que la intervención fue exitosa.

La enfermedad redujo sus apariciones y actividades oficiales durante los últimos años. Su estado de salud ha obligado a modificar su agenda como integrante de la familia real y constituye uno de los factores que marcarán su papel como reina.

De princesa heredera a reina consorte

Con la muerte de Harald V este 28 de agosto, después de 35 años de reinado, Haakon asumió la Corona noruega. Mette-Marit pasó automáticamente de ser princesa heredera a reina consorte.

Su título deriva de su matrimonio con el monarca y no de un derecho propio de sucesión. En Noruega, la persona que ocupa el trono es quien ejerce la jefatura del Estado; el cónyuge del monarca tiene una posición distinta dentro de la estructura constitucional.

La nueva reina llega al cargo después de 25 años dentro de la Casa Real. Su trayectoria no comenzó con un apellido aristocrático ni con una posición destinada desde su nacimiento, sino con una vida independiente, la maternidad y una relación que inicialmente generó resistencia dentro de una institución marcada por siglos de tradición.

Ahora, a los 53 años, Mette-Marit inicia su etapa como reina consorte junto a Haakon, mientras su hija Ingrid Alexandra se convierte en la heredera de una monarquía cuya sucesión ya no distingue entre hombres y mujeres.