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02.11.2026 Quinta Roo.-Durante 37 años, Mincho vivió lejos de las condiciones naturales de su especie. Su historia terminó sin que pudiera regresar al mar. El delfín, que permanecía en cautiverio en Ventura Park, en Cancún, murió después de enfrentar cáncer y las complicaciones de una lesión sufrida en 2020. Su fallecimiento, confirmado por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), reavivó las exigencias de organizaciones animalistas para que los ejemplares que todavía permanecen en ese parque sean trasladados a un corral marino.
La muerte de Mincho no llegó sin advertencias. Desde antes de su fallecimiento, integrantes de organizaciones defensoras de los animales habían alertado sobre el deterioro de su salud y la urgencia de modificar las condiciones en las que vivía.
Araceli Domínguez, representante del Grupo Ecologista del Mayab (GEMA), había advertido sobre la gravedad del padecimiento del cetáceo y el sufrimiento que podía estar experimentando.
“El que está más enfermo de todos es Mincho. Está invadido de cáncer… los dolores deben de ser espantosos. Ya pasó demasiado tiempo y ya debieron haberlos movido”, señaló al denunciar la situación del animal.
La advertencia tenía un trasfondo que iba más allá de la atención veterinaria: los defensores de los animales reclamaban que Mincho y sus compañeros dejaran las instalaciones de entretenimiento y fueran trasladados a un espacio marino donde pudieran vivir bajo condiciones más cercanas a su entorno natural.
Pero el tiempo transcurrió y Mincho murió antes de que ese traslado se concretara.
La historia de Mincho había quedado marcada desde 2020, cuando sufrió un accidente durante una presentación en el delfinario del hotel Barceló Maya Grand Resort, en la Riviera Maya. Mientras realizaba una acrobacia, se golpeó contra una plataforma de concreto, fuera de la piscina. El impacto le provocó lesiones que dejaron secuelas y lo apartaron de las actividades de alto impacto.
Aquel episodio se convirtió en un punto de referencia para las organizaciones defensoras de los animales marinos. Las imágenes del accidente generaron indignación y reavivaron el debate sobre el uso de delfines en espectáculos turísticos. A partir de ese caso comenzó a tomar fuerza el movimiento que impulsó cambios legislativos para limitar el cautiverio y la explotación de mamíferos marinos en México.
Mincho fue trasladado posteriormente a las instalaciones de Dolphin Discovery, en la zona hotelera de Cancún, donde permaneció junto con otros ejemplares. Su vida transcurrió entre piscinas y cuidados veterinarios, lejos de las condiciones propias de su hábitat.
Con los años aparecieron nuevos problemas de salud. Además de las secuelas del accidente, desarrolló afectaciones oculares y un tumor maligno en la lengua. Organizaciones ambientalistas denunciaron que su condición era especialmente delicada y que necesitaba atención y condiciones adecuadas para evitarle sufrimiento.
Araceli Domínguez, representante del Grupo Ecologista del Mayab (GEMA), había advertido sobre la gravedad de su estado antes de que se conociera su fallecimiento.
“El que está más enfermo de todos es Mincho. Está invadido de cáncer… los dolores deben de ser espantosos. Ya pasó demasiado tiempo y ya debieron haberlos movido”, manifestó al cuestionar la demora de las autoridades para resolver el destino de los animales.
La preocupación no era solamente por Mincho. Los defensores de los delfines insistían en que el deterioro de su salud debía acelerar una decisión sobre los ocho ejemplares que compartían las instalaciones.
Pero el traslado nunca llegó para él.
### Una muerte que vuelve a poner bajo cuestionamiento el cautiverio
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente confirmó que recibió de Dolphin Connection Cancún el aviso sobre la muerte del delfín, al que identificó con 37 años de edad y que, de acuerdo con la información proporcionada por la empresa, padecía una enfermedad grave.
La dependencia ordenó practicar una necropsia y realizar estudios complementarios para establecer con precisión las causas del fallecimiento. También informó que los resultados y las circunstancias de la muerte se darán a conocer cuando concluyan los dictámenes técnicos.
Por su parte, la empresa señaló que Mincho padecía un tumor maligno y que había recibido atención veterinaria especializada. Explicó que, ante la naturaleza de la enfermedad y la falta de un tratamiento curativo, durante la etapa final se aplicaron medidas paliativas para mantener su comodidad y calidad de vida.
Sin embargo, para las organizaciones animalistas, su muerte representa también el desenlace de una espera prolongada por una reubicación que nunca se concretó.
El reclamo se dirige ahora a la Profepa: que la muerte de Mincho no sea seguida por otra pérdida entre los ejemplares que continúan en el mismo recinto.
### Ocho delfines permanecen en las instalaciones
Tras el fallecimiento de Mincho, ocho delfines siguen bajo resguardo en las instalaciones de Dolphin Connection, dentro del complejo de Ventura Park, en Cancún.
Se trata de Diego, Apolo, Flex, Satu, Squalo, Salomón, Solei y Oceanía. Varios presentan padecimientos crónicos, entre ellos problemas oculares, lesiones, alteraciones en la lengua y mucosa oral, así como desgaste dental.
La situación de estos animales ya había provocado protestas y campañas de organizaciones ambientalistas, que cuestionan que continúen en espacios de concreto pese a que el parque acuático dejó de operar.
En octubre de 2025, la Profepa ordenó la clausura total temporal del delfinario y el aseguramiento de los nueve ejemplares. Desde entonces, la autoridad ambiental asumió la supervisión de sus condiciones, mientras se mantiene pendiente una solución definitiva sobre su ubicación.
Los activistas han solicitado que los animales sean trasladados a corrales marinos, particularmente a espacios propuestos en Isla Mujeres o Chankanaab, en Cozumel. Estos sitios permitirían que permanecieran en agua de mar, en áreas más amplias y con supervisión veterinaria.
La petición promovida por Empty The Tanks México ha reunido miles de adhesiones y busca que las autoridades establezcan un calendario y un destino concreto para los ejemplares.
La demanda no consiste en liberarlos sin preparación ni seguimiento, sino en encontrar instalaciones adecuadas donde puedan permanecer bajo cuidado humano, con mayor espacio y condiciones ambientales distintas a las piscinas en las que han vivido durante años.
### La autoridad reconoce que no todos pueden ser trasladados
La Profepa ha sostenido que la reubicación debe realizarse con criterios médicos y no mediante una operación generalizada que pueda poner en peligro a los animales.
En un informe sobre el estado de los nueve ejemplares, la dependencia reconoció que todos presentaban padecimientos que requerían seguimiento. También advirtió que tres difícilmente serían candidatos a un traslado debido a los riesgos asociados con su condición de salud, mientras que para los otros seis se analizaba una posible reubicación, sujeta a evaluaciones clínicas, estudios sanguíneos y periodos de cuarentena.
La institución ha argumentado que cambiar de instalaciones a un delfín enfermo o de edad avanzada puede implicar riesgos adicionales, por lo que cualquier decisión debe considerar su estabilidad física y los vínculos sociales que mantiene con los demás ejemplares.
No obstante, los defensores de los animales consideran que esas evaluaciones no pueden convertirse en una justificación para prolongar indefinidamente su permanencia en el cautiverio actual. Exigen que se conozcan los resultados de las revisiones veterinarias, los criterios utilizados para determinar quién puede ser trasladado y las alternativas disponibles para quienes presentan mayores complicaciones.
### La Ley Mincho y una promesa todavía pendiente
El caso del delfín también tiene una dimensión legislativa. El accidente que sufrió en 2020 contribuyó a impulsar una discusión nacional sobre la utilización de mamíferos marinos en espectáculos y actividades recreativas.
En 2025 se aprobaron modificaciones a la legislación ambiental conocidas públicamente como Ley Mincho, orientadas a restringir actividades de explotación, reproducción y espectáculos con mamíferos marinos, además de establecer nuevas condiciones para su protección.
Sin embargo, la transición no significó que todos los animales que ya vivían en cautiverio fueran trasladados automáticamente al mar. Los ejemplares existentes quedaron sujetos a medidas de cuidado, supervisión y reubicación, lo que mantiene abierto el debate sobre su destino.
La paradoja es que Mincho, cuyo accidente ayudó a visibilizar el problema y a impulsar cambios legales, murió sin alcanzar una de las principales demandas de quienes defendieron su caso: dejar atrás las piscinas y vivir en un espacio marino.
Ahora su muerte coloca nuevamente a las autoridades ambientales frente a una exigencia que lleva meses sin una solución definitiva.
Las organizaciones animalistas piden a la Profepa que informe públicamente sobre el estado de salud de los ocho sobrevivientes, que establezca un plan de reubicación con fechas y destinos específicos y que garantice que ninguno sea sometido a un traslado que comprometa su vida.
También reclaman que se esclarezcan las circunstancias del fallecimiento de Mincho y que los resultados de la necropsia no queden sin hacerse públicos.
La muerte del delfín cerró una historia de 37 años, pero dejó pendiente la de los animales que permanecen en Cancún. Para quienes han exigido su protección, la justicia para Mincho no puede limitarse a conocer por qué murió: también debe traducirse en acciones para evitar que sus compañeros terminen sus vidas en las mismas condiciones.
Mincho no volvió al mar. Los ocho delfines que siguen en Ventura Park todavía esperan una decisión que determine dónde pasarán el resto de sus vidas. La petición de los animalistas es que esta vez la respuesta de las autoridades no llegue demasiado tarde.

