*Solo 47.2% de las mujeres con discapacidad de 15 a 64 años participa en el mercado laboral.
24.09.2026 /CimacNoticias.com/Las mujeres con discapacidad enfrentan una doble barrera en el mercado laboral mexicano: tienen una menor participación económica y, cuando consiguen un empleo, perciben ingresos considerablemente menores que los de hombres sin discapacidad con características comparables.
Así lo documenta “Las Dos Ausencias: mujeres y discapacidad en el mercado laboral mexicano”, un estudio elaborado por Éntrale, Alianza por la Inclusión Laboral de Personas con Discapacidad, iniciativa del Consejo Mexicano de Negocios.
El análisis revela que 47.2 por ciento de las mujeres con discapacidad de entre 15 y 64 años participa en el mercado laboral, frente a 87.5 por ciento de los hombres sin discapacidad del mismo rango de edad. Es decir, menos de la mitad de las mujeres con discapacidad en edad laboral participa en el mercado de trabajo.
La investigación identifica esta situación como la primera de las dos “ausencias” que dan nombre al estudio: la exclusión o participación desigual de las mujeres con discapacidad en el mercado laboral.
Una brecha que combina género y discapacidad
Entre las mujeres con discapacidad que sí trabajan, el estudio estima una diferencia de alrededor de 53 por ciento menos de ingreso mensual respecto de hombres sin discapacidad de la misma edad, escolaridad, situación conyugal y entidad federativa.
Pero el dato requiere una precisión importante: no significa que una mujer con discapacidad gane 53 por ciento menos que un hombre por realizar exactamente el mismo trabajo.
Se trata de una comparación entre grupos con características sociodemográficas similares. Cuando el análisis incorpora además las horas trabajadas, la diferencia estimada se reduce a 42 por ciento.
El resultado permite observar cómo se acumulan dos dimensiones de desigualdad: el género y la discapacidad.
El estudio fue elaborado a partir de información de cinco fuentes oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI): la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024, la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) de 2026 y el Censo de Población y Vivienda 2020. Éntrale señala que el análisis fue sometido a dos rondas de revisión externa y que se acompañó de código de replicación.
El autoempleo como alternativa de subsistencia
La desigualdad también aparece en la forma en que las mujeres con discapacidad consiguen ingresos.
El estudio encontró que 34.8 por ciento de las mujeres con discapacidad ocupadas trabaja por cuenta propia, frente a 26.2 por ciento de las mujeres sin discapacidad.
Sin embargo, esta alternativa tampoco representa las mismas condiciones económicas.
La mediana del ingreso mensual de las mujeres con discapacidad que trabajan por cuenta propia es de 2 mil 124 pesos, mientras que para las mujeres sin discapacidad llega a 2 mil 782 pesos.
Éntrale denomina a este fenómeno “autoempleo de subsistencia”, al considerar que para una parte de las mujeres el trabajo por cuenta propia puede funcionar como una vía para obtener ingresos ante las barreras existentes para acceder a empleos formales.
La situación muestra que hablar de inclusión laboral no implica únicamente contabilizar cuántas mujeres con discapacidad tienen un empleo. También requiere observar qué tipo de trabajo realizan, cuánto reciben por él y qué posibilidades tienen de permanecer y crecer laboralmente.
La segunda ausencia está en los cuidados
El estudio identifica una segunda desigualdad que suele permanecer fuera de las estadísticas laborales: las mujeres que trabajan y viven con una persona con discapacidad.
De acuerdo con el análisis, 15.6 por ciento de las mujeres ocupadas en México vive con una persona con discapacidad, es decir, aproximadamente una de cada seis.
Estas mujeres no necesariamente abandonan el mercado laboral. Sin embargo, su participación en el trabajo remunerado ocurre junto con una mayor carga de cuidados.
Frente a mujeres con características comparables, quienes viven con una persona con discapacidad realizan casi cuatro horas adicionales de cuidados no remunerados a la semana y registran un ingreso laboral mensual 9.4 por ciento menor.
Cuando la comparación considera también que tengan el mismo número de horas trabajadas, la diferencia de ingreso se ubica en 6.6 por ciento.
El estudio encuentra que, entre los hombres que viven en hogares con una persona con discapacidad, la diferencia es menor: dedican 1.82 horas adicionales de cuidado no remunerado y registran un ingreso 2.8 por ciento menor.
No obstante, Éntrale advierte que estos resultados no prueban que el cuidado sea la causa directa de la diferencia de ingresos. El análisis identifica la convivencia con una persona con discapacidad, pero no permite determinar por sí mismo quién dentro del hogar realiza las tareas de cuidado.
La evidencia del INEGI permite dimensionar la desigual distribución de estas responsabilidades. La ENASIC 2022 reportó que 71.8 por ciento de las personas que cuidan dentro del hogar a una persona con discapacidad son mujeres y que dedican, en promedio, 33.9 horas semanales a esta actividad.
Una brecha que también tiene impacto económico
Éntrale realizó además una estimación sobre la diferencia de ingresos entre las mujeres ocupadas que viven con una persona con discapacidad y mujeres comparables.
Bajo un escenario estático basado en la brecha observada, calculó alrededor de 33 mil millones de pesos anuales de ingresos laborales no percibidos, a precios de 2024. El rango estimado va de 20 mil a 46 mil millones de pesos.
La organización aclara que esta cantidad no representa una pérdida causal atribuible exclusivamente a los cuidados ni debe interpretarse como producto perdido. Se trata de una estimación asociada a la brecha observada y no debe sumarse a otras estimaciones del estudio.
Más que contratar, garantizar condiciones laborales
Para Éntrale, las cifras muestran que la inclusión laboral no puede medirse solamente por el número de personas con discapacidad contratadas.
El estudio plantea que también es necesario revisar las condiciones en las que las personas ingresan, permanecen y pueden desarrollarse en un empleo.
En el caso de las personas cuidadoras que actualmente no trabajan, las condiciones que identifican como importantes para incorporarse al mercado laboral incluyen el trabajo de medio tiempo y la cercanía entre el empleo y el hogar.
La organización anunció un piloto de 12 meses con empresas aliadas para aplicar una guía de inclusión y medir resultados relacionados con retención, ingreso y promoción.
Los datos, sin embargo, colocan una discusión que rebasa al sector empresarial: las desigualdades que enfrentan las mujeres con discapacidad no comienzan cuando llegan a una oficina o solicitan un empleo.

