Nagasaki recuerda a víctimas de la bomba atómica a 81 años del ataque

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09.08.2026., Nagasaki, Japón.- Nagasaki conmemoró este domingo el 81 aniversario del lanzamiento de la bomba atómica que devastó la ciudad el 9 de agosto de 1945, en una ceremonia marcada por el recuerdo de las víctimas, el llamado a eliminar las armas nucleares y un contraste político que no pasó inadvertido: mientras el alcalde Shiro Suzuki identificó expresamente a Estados Unidos como responsable del ataque, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, evitó mencionar al país norteamericano en su discurso.

La ceremonia se realizó en el Parque de la Paz de Nagasaki, donde sobrevivientes, familiares de las víctimas, autoridades japonesas y representantes de más de 90 países guardaron un minuto de silencio a las 11:02 de la mañana, la hora exacta en la que la bomba atómica explotó sobre la ciudad hace 81 años.

El 9 de agosto de 1945, un bombardero B-29 estadounidense lanzó sobre Nagasaki una bomba de plutonio conocida como “Fat Man”. La explosión destruyó amplias zonas de la ciudad y provocó una enorme cantidad de muertes inmediatas y posteriores. Las estimaciones históricas sitúan en alrededor de 70 mil las personas que habían muerto en Nagasaki para finales de ese mismo año como consecuencia de la explosión, las quemaduras, las heridas y la exposición a la radiación.

El ataque ocurrió tres días después del bombardeo de Hiroshima, donde Estados Unidos había utilizado una bomba de uranio. La destrucción de ambas ciudades marcó uno de los episodios más devastadores de la Segunda Guerra Mundial y convirtió a Hiroshima y Nagasaki en símbolos internacionales de las consecuencias humanitarias del empleo de armas nucleares.

Durante el acto de este domingo, el alcalde de Nagasaki, Shiro Suzuki, hizo una referencia directa al origen del ataque. En su discurso recordó que el 9 de agosto de 1945 una sola bomba atómica, lanzada por un avión militar estadounidense, destruyó la ciudad en cuestión de instantes. La referencia contrastó con el discurso de la jefa del Gobierno japonés.

Suzuki también centró buena parte de su intervención en la amenaza nuclear contemporánea. Advirtió sobre la creciente dependencia de algunos países de la llamada disuasión nuclear y sostuvo que la experiencia de Hiroshima y Nagasaki demuestra el peligro de considerar las armas nucleares como instrumentos legítimos de seguridad. El alcalde calificó las armas nucleares como un “mal absoluto” y pidió al Gobierno japonés mantener los tres principios antinucleares establecidos después de la guerra.

Esos principios consisten en que Japón no posea, no produzca y no permita la introducción de armas nucleares en su territorio. La posición del Gobierno de Takaichi ha generado especial atención porque, aunque la primera ministra respalda que Japón no posea ni desarrolle armas nucleares, ha mantenido una postura menos definida respecto al tercer principio, en un momento en que su administración impulsa un fortalecimiento de las capacidades militares japonesas.

En su intervención en Nagasaki, Takaichi recordó el sufrimiento provocado por los bombardeos atómicos y afirmó que las tragedias ocurridas en Hiroshima y Nagasaki hace 81 años nunca deben repetirse. Sin embargo, de acuerdo con los reportes de la ceremonia, no mencionó a Estados Unidos de manera directa.

La ausencia de una referencia explícita a Washington adquiere relevancia por la relación estratégica que Japón mantiene actualmente con Estados Unidos. Tras la Segunda Guerra Mundial, ambos países pasaron de ser enemigos a convertirse en aliados fundamentales, y Japón permanece bajo el paraguas nuclear estadounidense como parte de su estructura de seguridad. Al mismo tiempo, Tokio no ha firmado el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, una posición vinculada en buena medida a su dependencia de la disuasión extendida estadounidense.

El contraste entre las intervenciones del alcalde y de la primera ministra refleja una tensión que acompaña desde hace décadas la memoria japonesa de los bombardeos. Las ciudades de Hiroshima y Nagasaki mantienen una política de denuncia del uso y la existencia de armas nucleares, mientras que el Gobierno japonés debe equilibrar esa tradición pacifista con sus compromisos de seguridad y su alianza militar con Estados Unidos.

La conmemoración de este año también estuvo marcada por el contexto internacional. Las guerras y las tensiones entre potencias nucleares han reavivado el debate sobre los riesgos de una nueva carrera armamentista. Suzuki advirtió que la dependencia de las armas nucleares bajo el argumento de la disuasión puede incrementar, en lugar de reducir, el peligro de una guerra nuclear.

El alcalde pidió además que Japón mantenga su compromiso con los principios antinucleares y participe en los esfuerzos internacionales destinados a reducir y eliminar este tipo de armamento. Entre las demandas planteadas estuvo la participación japonesa en la próxima conferencia de revisión del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.

La ceremonia tuvo también un significado especial para los sobrevivientes de los bombardeos, conocidos como hibakusha. Con el paso de las décadas, su número disminuye y la edad promedio de los sobrevivientes supera ya los 86 años, lo que ha incrementado la preocupación por la preservación de sus testimonios y de la memoria directa de los ataques.

A las 11:02, las campanas marcaron el momento de la explosión y los asistentes guardaron silencio en memoria de quienes murieron. En ese instante, la ceremonia volvió a conectar el presente con aquella mañana del 9 de agosto de 1945, cuando Nagasaki se convirtió en la segunda y, hasta ahora, última ciudad atacada con un arma nuclear durante una guerra.

La conmemoración de 2026 dejó así dos mensajes distintos. Desde el ámbito municipal, Nagasaki volvió a señalar directamente el origen estadounidense del ataque y reclamó una política más firme contra las armas nucleares. Desde el Gobierno central, Takaichi puso el acento en la memoria de las víctimas y en la necesidad de impedir que una tragedia semejante vuelva a ocurrir, pero evitó responsabilizar públicamente a Estados Unidos durante su intervención.

Ochenta y un años después, Nagasaki continúa siendo uno de los principales símbolos mundiales de las consecuencias de la guerra nuclear. La ceremonia no solo recordó a las decenas de miles de personas que perdieron la vida en 1945, sino que volvió a colocar en el centro del debate la pregunta que Japón mantiene desde entonces: cómo garantizar su seguridad sin aceptar que las armas capaces de destruir ciudades enteras sean consideradas una herramienta normal de la política internacional.