No me quemaré en tu hoguera por ser humana …

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*Mis proyecciones en el espejo.

/ Por Paula Roca /

Siempre habrá personas que, aunque intentes ponerles límites, encontrarán la manera de faltarte al respeto: con la misma palabra, con un sinónimo, dándole la vuelta a las cosas o incluso entre líneas.

Son personas que no aceptan cuando se equivocan, que también fallan, pero que convierten tus errores inofensivos en grandes conflictos. Te llevan a una montaña rusa emocional hasta hacerte sentir culpable por algo que quizá nunca tuvo mala intención.

Esa palabra que queda suspendida en el aire y que alguien sigue utilizando para mantener una lucha de poder, para seguir lastimando, para recordarte una y otra vez aquello que hiciste mal.
Un límite puesto después de una gran ofensa.

Un error humano castigado como si tuviéramos la obligación de ser perfectos.

Hay errores que parecen pagarse demasiado caro. Tan caro que, aunque pase el tiempo, esa palabra sigue encendida como un cerillo en las manos de alguien que busca cualquier oportunidad para hacerte sentir que tú eres la mala de la historia.

Y hoy quiero decir algo en mi defensa, pero también en defensa de todos aquellos que, como yo, somos humanos y nos equivocamos:

No tenemos que ser quemados en la hoguera por no ser perfectos.
Yo me salgo de ese molde.
No encajo con personas que no son capaces de reconocer sus propias ofensas, pero que hacen de tus errores humanos un incendio.

Porque una cosa es equivocarse desde la humanidad y otra muy distinta es utilizar el error de alguien como arma para lastimarlo.

Un simple cerillo puede apagarse con amor, comprensión y voluntad de sanar. Pero cuando el juicio es más grande que el hecho, la reacción se convierte en viento… y el viento puede avivar una pequeña flama hasta incendiar un corazón.

Y hay algo que no debemos olvidar:
quien utiliza una palabra una y otra vez para encender el fuego, termina destruyendo aquello que alguna vez ayudó a construir.

Así que, si soy bruja y me toca caminar alrededor de la hoguera, caminaré.
Pero ya no me voy a quemar para demostrarle a nadie que aprendí de mis errores.
Yo elijo salir del incendio.

Porque cuando el fuego finalmente se apaga, el polvo se lo lleva el viento.
Y quizá ese polvo que alguna vez fue de estrellas no estaba destinado a quedarse entre las cenizas.

Quizá el viento lo lleva a otro lugar, a otro camino, a otra historia…
o quizá a un mar infinito, donde ya no tenga que demostrarle a nadie su valor.
Porque algunas cosas no terminan cuando se destruyen.

A veces, simplemente dejan de pertenecer al lugar donde alguna vez intentaron quemarlas.

Y yo prefiero ser polvo de estrellas llevado por el viento, antes que quedarme convertida en ceniza en una hoguera que nunca encendí.