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15.08.2026 México.- El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, viajó a Buenos Aires, Argentina, para participar en la 40 Conferencia Internacional para el Control de Drogas (IDEC 2026), uno de los principales encuentros internacionales de autoridades encargadas del combate al narcotráfico, organizado por la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) y el Ministerio de Seguridad Nacional argentino.
La conferencia se desarrollará del 18 al 20 de agosto y reunirá a responsables de seguridad y autoridades policiales de distintos países para analizar el combate al crimen organizado transnacional, el tráfico internacional de drogas y los mecanismos de cooperación entre agencias. De acuerdo con información del encuentro, se prevé la asistencia de entre 400 y 600 funcionarios y representantes de organismos de seguridad.
La presencia de García Harfuch adquiere especial relevancia por el complicado historial que la DEA tuvo durante los últimos años con el gobierno mexicano y por el viraje que se ha registrado durante la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum en materia de intercambio de información y cooperación internacional.
La relación entre México y la agencia antidrogas estadounidense sufrió un fuerte deterioro durante el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, particularmente después de la detención en Estados Unidos del exsecretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, en octubre de 2020.
Cienfuegos fue detenido en Los Ángeles por autoridades estadounidenses acusado de presuntos delitos relacionados con narcotráfico. Sin embargo, posteriormente Estados Unidos retiró los cargos y entregó al general a México, donde la Fiscalía General de la República concluyó que no existían elementos para ejercer acción penal en su contra.
El episodio provocó una profunda desconfianza del gobierno mexicano hacia las operaciones de las agencias estadounidenses en territorio nacional. A finales de 2020, México impulsó modificaciones a las reglas que regulaban la actuación de agentes extranjeros, incluida la DEA, estableciendo mayores controles sobre sus actividades y sobre el intercambio de información con autoridades mexicanas.
Ese antecedente explica por qué la participación de un alto funcionario mexicano en una conferencia organizada directamente por la DEA representa un cambio significativo en la relación institucional.
Sin embargo, la distancia con la agencia estadounidense no ha desaparecido por completo. La presidenta Claudia Sheinbaum ha insistido en que cualquier cooperación en materia de seguridad debe realizarse bajo principios de soberanía, respeto mutuo y sin operaciones unilaterales de agentes extranjeros en México.
En mayo pasado, por ejemplo, Sheinbaum confirmó que el gobierno mexicano envió una nota diplomática de extrañamiento a Estados Unidos después de detectar la participación de agentes estadounidenses en un operativo dentro de territorio mexicano. La mandataria sostuvo que cualquier funcionario o agente extranjero que se encuentre en México debe sujetarse a la Constitución y a las leyes nacionales.
Al mismo tiempo, el gobierno de Sheinbaum ha mantenido abierto el intercambio de información con agencias estadounidenses. En marzo, García Harfuch se reunió en Washington con Terrance Cole, entonces director de la DEA, para abordar la cooperación bilateral contra el narcotráfico y el tráfico de armas.
Después de ese encuentro, el secretario mexicano señaló que la cooperación internacional debía continuar y que el intercambio de información podía contribuir a combatir a organizaciones criminales que operan a ambos lados de la frontera. La DEA, por su parte, informó que la conversación se concentró en fortalecer la colaboración transfronteriza contra el narcotráfico y en generar condiciones de mayor seguridad para las comunidades de ambos países.
Incluso antes de ese acercamiento, García Harfuch había reconocido que información proveniente de Estados Unidos había contribuido a investigaciones realizadas en México. En marzo explicó que el intercambio de datos con autoridades estadounidenses permitió avanzar en un operativo que terminó con el aseguramiento de 270 kilogramos de fentanilo y la detención de un presunto integrante del Cártel Jalisco Nueva Generación en Colima. El funcionario aclaró que la información recibida debe ser verificada por las autoridades mexicanas antes de convertirse en una acción operativa.
La participación mexicana en Buenos Aires se produce, además, en un momento en que Estados Unidos ha colocado nuevamente la lucha contra los cárteles y el tráfico de drogas en el centro de su agenda de seguridad con México y América Latina.
La IDEC 2026 tendrá como eje la cooperación internacional frente al crimen organizado y las redes globales de tráfico de drogas. Argentina participa como país anfitrión y coorganizador junto con la DEA. El gobierno de Javier Milei comenzó desde noviembre de 2025 los preparativos del encuentro con representantes de la agencia estadounidense. En aquella ocasión, la ministra de Seguridad Nacional, Patricia Bullrich, sostuvo reuniones con funcionarios de la DEA para establecer una agenda centrada en intercambio de información, coordinación operativa y combate a organizaciones criminales transnacionales.
El encuentro también coloca a México frente a un dilema que ha acompañado la relación de seguridad con Washington durante los últimos años: aprovechar la cooperación y el intercambio de inteligencia con agencias estadounidenses sin permitir que esa colaboración se convierta en una vulneración de la soberanía mexicana.
La estrategia de García Harfuch ha buscado precisamente mantener ambos elementos. En marzo, después de reunirse con el director del FBI, Kash Patel, el secretario sostuvo que la cooperación bilateral debía sustentarse en la reciprocidad, el respeto a la soberanía y la responsabilidad compartida.
La presencia del secretario mexicano en la conferencia de Buenos Aires se suma así a una serie de contactos de alto nivel que muestran una relación distinta entre México y las agencias de seguridad estadounidenses respecto de la que prevaleció durante buena parte del sexenio anterior.
No significa, sin embargo, que México haya abandonado sus reservas frente a la DEA. La posición oficial de la administración Sheinbaum mantiene una línea clara: la cooperación puede existir, pero las tareas de seguridad dentro del territorio mexicano corresponden a las instituciones nacionales y deben realizarse bajo las leyes del país.
En ese contexto, el viaje de García Harfuch a Argentina representa más que la asistencia de un secretario a una conferencia internacional. Es también una señal de que el gobierno mexicano está dispuesto a mantener canales de comunicación con la DEA y otras agencias extranjeras para combatir redes internacionales de narcotráfico, aunque bajo un esquema que busca combinar intercambio de inteligencia y coordinación operativa con la defensa de la soberanía nacional.
La reunión de Buenos Aires permitirá conocer qué nuevos acuerdos, mecanismos de intercambio de información o compromisos de cooperación pueden surgir entre México, Estados Unidos y otras naciones participantes en un momento en que el tráfico de fentanilo, las drogas sintéticas, el tráfico de armas y las estructuras financieras de los grupos criminales se han convertido en problemas que rebasan las fronteras nacionales.
México llega a esta conferencia con una experiencia particular: es uno de los principales países de tránsito y producción de drogas sintéticas hacia Estados Unidos y, al mismo tiempo, uno de los territorios más afectados por la violencia asociada con las organizaciones criminales. Para el gobierno de Sheinbaum, la cooperación internacional forma parte de la estrategia de seguridad, pero la condición declarada es que las acciones se desarrollen con respeto a la soberanía y bajo conducción de las instituciones mexicanas.
La presencia de Harfuch en la IDEC 2026 confirma, por tanto, que después de años de tensiones, México y la DEA han vuelto a abrir canales de comunicación de alto nivel. El desafío para el gobierno mexicano será demostrar que esa cooperación puede traducirse en resultados contra las organizaciones criminales sin reproducir los conflictos de soberanía que marcaron la relación en años anteriores.

