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01.08.2026 Francia.- La carretera comenzó a despertar entre el murmullo de los equipos, el sonido metálico de las bicicletas y la tensión que antecede a las grandes carreras. En Lausana, Suiza, donde este sábado arrancó la quinta edición del Tour de France Femmes avec Zwift, una ciclista mexicana esperaba la señal de salida con la serenidad de quien sabe que está a punto de abrir una puerta que nadie de su país había logrado cruzar antes.
Cuando el pelotón comenzó a rodar, Romina Hinojosa dejó de ser únicamente una joven ciclista para convertirse en la primera mujer mexicana en tomar la salida y completar una etapa del Tour de Francia Femenil, la competencia más importante del ciclismo de ruta para mujeres.
Más allá del sitio que ocupó en la clasificación, su presencia representó un momento histórico para el deporte mexicano y para las mujeres que durante décadas encontraron más obstáculos que oportunidades para llegar a la élite del ciclismo internacional.
La jornada inaugural recorrió 138 kilómetros con salida y meta en Lausana. Fue una etapa exigente, marcada por un perfil quebrado y un ascenso final que redujo considerablemente el grupo principal. Mientras las favoritas peleaban la victoria, la neerlandesa Lorena Wiebes impuso su potencia para adjudicarse el triunfo y enfundarse el primer maillot amarillo de la edición 2026. Detrás de esa batalla por el liderato también se escribía otra historia, menos visible para las cámaras, pero igualmente trascendente: la de una mexicana que cruzó la meta después de más de tres horas y cuarenta minutos de esfuerzo para consumar un debut que permanecerá en los libros del deporte nacional.
La imagen puede parecer sencilla: una corredora más entre casi 150 participantes. Sin embargo, detrás de ese dorsal existe un recorrido construido durante años de disciplina, sacrificios familiares, entrenamientos lejos de casa y competencias en Europa para demostrar que una mexicana podía ganarse un lugar en el máximo escenario del ciclismo femenino.
Romina Hinojosa nació en Tampico, Tamaulipas, y comenzó a abrirse paso desde categorías juveniles hasta consolidarse en el ciclismo europeo. Su crecimiento deportivo la llevó a integrarse al equipo Lotto-Intermarché Ladies, escuadra con la que consiguió el boleto para disputar la carrera más prestigiosa del calendario internacional. Su convocatoria llegó apenas unos días después de que Isaac del Toro lograra un histórico podio en el Tour masculino, convirtiendo al 2026 en un año sin precedentes para el ciclismo mexicano.
Pero reducir su presencia al hecho de ser pareja de Del Toro sería ignorar una trayectoria construida con esfuerzo propio. Antes del Tour, Romina ya había competido en pruebas europeas como la Vuelta a Portugal y el Giro Mediterráneo Rosa, donde comenzó a llamar la atención por sus condiciones como escaladora y por su resistencia en recorridos de montaña. Incluso una fractura de muñeca amenazó con dejarla fuera de la temporada, pero logró recuperarse a tiempo para llegar a la línea de salida en Suiza.
Su debut adquiere un significado especial desde la perspectiva de género porque el Tour de Francia Femenil es, en sí mismo, el resultado de una larga lucha por la igualdad dentro del ciclismo. Durante décadas, las mujeres reclamaron un espacio equivalente al de los hombres en la competencia más emblemática del mundo. Aunque existieron intentos aislados desde los años ochenta, la prueba desapareció en varias ocasiones y no fue sino hasta 2022 cuando regresó con respaldo oficial de los organizadores del Tour masculino.
Ese renacimiento permitió que nuevas generaciones encontraran una plataforma de alcance mundial. Sin embargo, la brecha persiste. Los premios económicos, la cobertura mediática y el patrocinio siguen siendo menores en comparación con la rama masculina. Aun así, el crecimiento del Tour femenino ha sido constante y la edición de 2026 presenta el recorrido más largo desde su regreso, con nueve etapas, mil 175 kilómetros y casi 19 mil metros de desnivel acumulado, incluyendo la histórica ascensión al Mont Ventoux, una de las montañas más emblemáticas del ciclismo mundial.
En ese contexto, la presencia de una mexicana cobra una dimensión mayor. Durante muchos años, el ciclismo femenino en México permaneció prácticamente invisible, con escaso apoyo institucional, pocas competencias internacionales y recursos limitados para el desarrollo de las atletas. Las ciclistas debían buscar oportunidades fuera del país para aspirar al profesionalismo, enfrentando no sólo las exigencias deportivas, sino también barreras económicas y culturales.
Romina Hinojosa pertenece precisamente a una generación que comenzó a desafiar esas limitaciones. Su llegada al Tour demuestra que las mujeres mexicanas pueden competir en el máximo nivel cuando existen condiciones para desarrollar su talento. También ofrece una referencia para niñas y adolescentes que hoy encuentran en ella un modelo distinto al de las disciplinas tradicionalmente más visibles.
Antes de iniciar la competencia, la ciclista compartió un mensaje que reflejaba la dimensión personal de este momento. Dijo sentirse “increíblemente afortunada” por tener la oportunidad de competir en el Tour de France Femmes y agradeció las muestras de apoyo recibidas desde México, asegurando que ese cariño la hacía sentirse especial antes de afrontar el mayor desafío de su carrera deportiva.
El camino apenas comienza. Quedan por delante etapas de montaña, una contrarreloj individual y jornadas que pondrán a prueba la resistencia de todas las corredoras hasta la llegada final en Niza. Para Romina Hinojosa, completar el Tour será un objetivo deportivo; para el ciclismo mexicano, cada kilómetro recorrido representa un paso más hacia una presencia que durante décadas parecía inalcanzable.
Hay victorias que no se miden únicamente con un cronómetro ni con un lugar en el podio. Algunas comienzan cuando una mujer ocupa, por primera vez, un espacio donde antes nunca había estado otra de su país. En el Tour de Francia Femenil 2026, Romina Hinojosa no sólo pedaleó contra el reloj y las montañas: también avanzó contra una historia de ausencia. Y al cruzar la meta de su primera etapa, dejó abierta una ruta que otras mexicanas podrán seguir.


