Selección femenil mexicana se corona en una final de infarto ante Colombia

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06.08.2026 Santo Domingo, República Dominicana.— El oro no llegó fácil. Tuvo que sobrevivir al cansancio, a un gol colombiano cuando el reloj parecía sentenciar la historia y a unos últimos minutos cargados de tensión. Pero la Selección Mexicana Femenil Sub-23 se negó a bajar los brazos y terminó escribiendo una de las páginas más emocionantes de su participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026.

México se proclamó campeón este 6 de agosto al imponerse 4-2 a Colombia en la tanda de penales, después de empatar 1-1 tras los 90 minutos reglamentarios y los tiempos extra. Con ello, el futbol femenil mexicano consiguió su cuarto título consecutivo en esta competencia regional.

Fue una final que durante largos pasajes pareció destinada a resolverse por un detalle. México y Colombia llegaron al partido por el oro después de haber demostrado ser dos de los equipos más sólidos del torneo y trasladaron esa igualdad a la cancha. Durante el tiempo reglamentario, las defensas consiguieron contener los intentos ofensivos y el marcador permaneció 0-0 después de los primeros 90 minutos.

El empate obligó a jugar media hora más. Y allí comenzó el drama.

Con las piernas pesadas y cada jugada adquiriendo un valor enorme, las dos selecciones buscaron el gol que evitara la definición desde los once pasos. Colombia encontró lo que parecía el golpe definitivo en el minuto 118. Ingrid Guerra aprovechó un contragolpe y venció a Celeste Espino para poner a las colombianas adelante cuando el campeonato parecía escapársele a México.

Quedaban apenas unos minutos.

La escena parecía escrita para Colombia: ventaja en el marcador, cansancio acumulado y el reloj avanzando hacia el final. Pero las mexicanas todavía tenían una última respuesta.

En el minuto 124, cuando el tiempo extra ya se había extendido más allá de los 120 minutos, Ana Mendoza ejecutó un tiro libre desde una distancia considerable. El balón tomó una trayectoria que superó a la portera colombiana Jimena Ospina y terminó en las redes. México había empatado en la última gran oportunidad del encuentro y, prácticamente en la última acción, consiguió devolver la final al punto de partida.

El festejo mexicano contrastó con la incredulidad colombiana.

El partido se fue entonces a los penales, donde la presión cambió de escenario. Ya no había tiempo para corregir errores ni posibilidad de responder con otra jugada. Cada disparo podía significar el oro o la plata.

México no falló.

Nicole Pérez, Natalia Colin y Valerie Vargas convirtieron sus respectivos cobros, mientras Allison Veloz tuvo en sus pies la oportunidad de cerrar el campeonato y no la desperdició. Su disparo terminó en el ángulo y selló una tanda perfecta para las mexicanas.

Colombia, en cambio, convirtió dos de sus oportunidades. María Carvajal y Fernanda Viafara marcaron, pero Ingrid Guerra estrelló su disparo en el travesaño y Celeste Espino apareció para detener el cobro de Kelly Ibargüen. El marcador definitivo de la tanda fue 4-2.

Entonces llegó el momento de las lágrimas, los abrazos y la celebración.

Las jugadoras mexicanas se fundieron en un festejo colectivo después de una final en la que tuvieron que remontar emocionalmente más de una vez. Primero debieron soportar un partido cerrado, después el golpe colombiano en el minuto 118 y finalmente la enorme presión de los penales.

La portera Celeste Espino terminó siendo una de las figuras de la definición. Después de recibir el gol colombiano en los tiempos extra, tuvo la responsabilidad de mantenerse firme en la tanda y respondió con una atajada que ayudó a cambiar definitivamente el rumbo de la final.

El campeonato tiene además un significado histórico dentro de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. México extendió su dominio en el futbol femenil y consiguió el cuarto oro consecutivo en la disciplina. El título se suma a la medalla obtenida en la edición de San Salvador 2023, cuando el equipo mexicano derrotó 2-1 a Venezuela en la final.

El camino hacia el oro tampoco fue sencillo.

México comenzó el torneo con un empate sin goles ante Puerto Rico y posteriormente enfrentó a Colombia durante la fase de grupos, partido que ganó 1-0. Después continuó avanzando hasta las semifinales, donde derrotó 4-1 a El Salvador para conseguir su boleto a la disputa por la medalla de oro.

Colombia también llegó a la final después de superar una ruta exigente. Terminó como segunda de su grupo y consiguió su pase al partido por el campeonato tras derrotar a Venezuela en las semifinales. La final representó, por tanto, el segundo enfrentamiento entre mexicanas y colombianas durante el torneo.

Pero en la noche decisiva no hubo espacio para cuentas pendientes ni para estadísticas. Hubo que jugar hasta el último segundo.

Y México lo hizo.

El futbol femenil mexicano vuelve a demostrar, en una competencia regional, la profundidad que ha adquirido su desarrollo en los últimos años. La existencia de una categoría Sub-23 permite que nuevas generaciones de futbolistas tengan escenarios internacionales y acumulen experiencias competitivas antes de llegar a la selección mayor.

El oro de Santo Domingo también tiene ese valor: detrás de las jugadoras que levantaron la medalla existe una generación que está construyendo su propia historia y que encuentra en este tipo de torneos una plataforma para crecer.

La final ante Colombia fue, además, una demostración de carácter. No fue el partido en el que México tuvo todo bajo control. Por el contrario, durante buena parte del encuentro tuvo que resistir. Y cuando Colombia parecía tener el campeonato en sus manos, las mexicanas encontraron la manera de regresar.

Un tiro libre en el minuto 124 cambió la historia.

Después, cuatro disparos mexicanos desde el punto penal terminaron de escribirla.

Cuando Allison Veloz mandó el balón al ángulo, el marcador dejó de importar como simple estadística. El 4-2 de los penales significaba una nueva medalla de oro y el cuarto campeonato consecutivo de México en el futbol femenil de los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

Las mexicanas no sólo ganaron una final. La ganaron cuando parecía que se les escapaba.

En Santo Domingo, el oro tuvo que esperar hasta la última jugada, resistir hasta el último cobro y llegar acompañado de lágrimas. Pero finalmente terminó alrededor del cuello de las futbolistas mexicanas.

Una vez más, México está en lo más alto del podio regional.