Siempre lo supimos

*NEMESIS

/Fernando Meraz Mejorado/

Unos dicen que es la verdad que durante años se ha ocultado bajo alfombras de seda y discursos bonitos. “Siempre lo supimos”, se oye en las esquinas, “vimos cómo algunos crecían de la noche a la mañana, cómo las leyes se doblaban como cañas ante ciertos nombres”. Para ellos, esas palabras no son una novedad: son el espejo donde por fin se refleja lo que las calles llevan diciendo en voz baja desde hace décadas.

Otros las escuchan como una ofensa que duele en el orgullo de la patria. “Es una intromisión”, levantan la voz, “¿quién es él para juzgarnos desde fuera? ¿Acaso su historia no tiene también manchas de sangre y negocios turbios?”. Dicen que es política, que es una jugada que nada tiene que ver con justicia, y todo con mover piezas en un tablero donde nosotros somos solo las fichas que se empujan de un lado a otro.

Y en medio de los dos bandos, está la gran masa que calla y observa, con el corazón en un puño. Porque lo cierto es que nadie se siente tranquilo: ni quien cree, ni quien niega. Si fuera verdad lo que dice, ¿hasta dónde llega la podredumbre? Y si fuera mentira, ¿qué oscuro propósito se esconde detrás de semejantes palabras?
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El debate no es solo en las pantallas o en los periódicos: está en la mesa del desayuno, en la conversación que se corta cuando pasa alguien desconocido, en el café donde se habla bajito y se mira a los lados. Es como si el país hubiera abierto una vieja caja de madera y no supiera todavía si dentro hay tesoro o serpientes.
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Unos hablan de soberanía, otros de justicia. Unos de manos limpias, otros de intenciones ocultas. Y mientras todos discuten, la incertidumbre crece como la hierba mala: ¿qué viene después? ¿Vendrán de fuera a buscar, o se arreglará todo con palabras y papeles? ¿Se caerán máscaras, o solo cambiarán los nombres en las mismas sillas…? –oOo–

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