* Expertos del IISUE analizan implicaciones del tema.
/María Guadalupe Lugo García /UNAM/
Si bien es necesario normar y regular el uso del celular en escuelas sin llegar a satanizarlo, cualquier medida efectiva debe empezar por analizar y transformar las prácticas de consumo digital de los propios adultos dentro y fuera del entorno escolar, consideraron expertos del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE) de la UNAM.
La directora de la entidad académica, Gabriela de la Cruz Flores, indicó que en el informe: “Celular en las escuelas, un tema en la agenda pública de América Latina”, publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura en junio de este año, se identifican tres grandes tendencias sobre el uso de estos dispositivos en los planteles escolares que oscilan entre la regulación, la restricción condicionada y la prohibición total del uso de celulares en las aulas.
Al participar en la conferencia virtual “Yo celular, el teléfono en la escuela”, organizada por el IISUE, destacó que en México y Latinoamérica existe un gran interés y avances clave hacia la definición de políticas públicas para regular el uso de teléfonos en las aulas. Sin embargo, la idea central debe ser cómo abonar a la definición de programas que impulsen una ciudadanía digital.
De acuerdo con dicho informe, a marzo de 2026 sólo cuatro países latinoamericanos cuentan con leyes nacionales sobre la regulación de celulares en las escuelas: Brasil, Chile, Colombia y Paraguay. “El caso de Brasil, llama la atención pues también incluye otros ejes, por ejemplo, la regulación en el uso de redes sociales y la importancia de la responsabilidad parental”.
En México, 19 estados ya tienen alguna regulación del uso de teléfonos celulares en las aulas, entre ellos Aguascalientes, Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León, sin que exista alguna ley federal unificada. Recientemente, la Secretaría de Educación Pública ha realizado consultas a docentes de las distintas entidades de la nación para avanzar hacia un marco que regule el uso de teléfonos en los planteles escolares.
El teléfono celular se ha convertido en parte de la vida cotidiana. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 81 % de la población mexicana mayor de 6 años utiliza este dispositivo a diario. Los usos que los estudiantes dan a esta tecnología y su compatibilidad con los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación, se mantienen en el centro del debate actual, apuntó.
Janneth Trejo Quintana, investigadora del IISUE, dijo que existen dos razones fundamentales para limitar el uso de los teléfonos en el ámbito escolar, en primer término aspectos pedagógicos y cognitivos: el celular actúa como un distractor dentro del salón de clases, generando efectos negativos en el aprendizaje de los estudiantes.
En segundo, prosiguió, el uso de redes sociodigitales a través de dispositivos móviles está estrechamente vinculado con la salud mental. Asimismo, diversas investigaciones académicas sugieren una correlación clara entre el empleo de estas plataformas y el desarrollo de diferentes condiciones psicológicas y emocionales.
Subrayó que el uso del celular por parte de niñas, niños y adolescentes en los planteles escolares es una responsabilidad compartida entre padres de familia y docentes. El hecho de tener estos dispositivos tan disponibles en clases es una fuente de distracción permanente. Existen estudios que señalan que cualquier interrupción de este tipo toma 20 minutos para volver a recuperar la concentración.
Se manifestó en contra de la prohibición del uso de teléfonos en las escuelas, pero “me parece importante su regulación o normar con ciertos lineamientos los momentos, los objetivos con los que se pueden o no usar, eso es algo que sí debe establecerse como política pública. Las disposiciones nacionales nos permitirían contar con lineamientos que respalden acciones específicas y razonar las consecuencias de las medidas que se implementen”.
Sebastián Plá Pérez, también investigador del IISUE, señaló que estos dispositivos alteran las dinámicas de socialización (como en el recreo) y modifican las relaciones pedagógicas tradicionales, introduciendo un carácter disruptivo debido a la “ubicuidad” (la posibilidad de estar físicamente en clase, pero virtualmente chateando o en redes).
No obstante, advirtió que la regulación debe considerar los distintos niveles educativos, ya que no es lo mismo el uso del celular en secundaria, que en licenciatura o posgrado. “Como padres de familia, docentes o autoridades escolares debemos pensar en cómo los adultos usamos el teléfono, qué lugar ocupa este aparato en la relación con nuestros hijos y alumnos, así como en las formas en que nos constituimos como sujetos”.
Por último, consideró que suele pensarse que la primera estrategia para combatir el uso excesivo de celulares en niñas, niños y adolescentes es abordar la propia adicción de los padres. Sin embargo, antes de normar y regular, debemos reflexionar sobre cómo, dentro y fuera de la escuela, condicionan, estimulan e influyen en la manera en que los menores adoptan y utilizan estas herramientas tecnológicas.
La conferencia “Yo celular, el teléfono en la escuela”, se realizó en el marco del ciclo de conversaciones “Ctrl+ESCuela. Navegar con la tecnología sin naufragar en la escuela”, que forma parte de la exposición colectiva Postescuelas. Futuros en disputa, organizada por el IISUE en el Museo UNAM

