Solo 2 de cada 10 mujeres reciben pensión tras laborar en sector formal .

* Escrito por Rita Magaña Torres.

03.01.2024./ CimacNoticias.com/Ciudad de México.- En México, solo 2 de cada 10 mujeres mayores, 25.4 por ciento, reciben ingresos por pensión contributiva, es decir, una remuneración exclusiva para quienes laboraron en el sector formal y que contaron con seguridad social, mientras que en el caso de los hombres mayores este ingreso lo adquieren 4 de cada 10, 41.5 por ciento, apuntó la académica del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Isalia Nava Bolaños.

Al dictar la conferencia La seguridad económica de las mujeres en edades avanzadas, organizada por el IIEc en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer 25N, la universitaria explicó que en ello se observan marcadas diferencias de género en relación con este derecho que otorga la seguridad social a la población mayor.

La académica expuso que 21 por ciento de la población mexicana se ubica en el rango de edad de 65 a 74 años54.4 por ciento son mujeres y 45.6 por ciento hombres. Conforme se avanza en edad se observa mayor sobrevivencia de ellas, lo que implica una feminización de la vejez.

Indicó que lo anterior significa que alcanzan mayor esperanza de vida en comparación con los varones. Aunque nacen más, conforme transcurre la vida ellos tienen mayores índices de mortalidad, sobreviven menos y un número reducido alcanza edades avanzadas.

Sin embargo, precisó Nava Bolaños, es importante considerar las características con las cuales ellas llegan a esa etapa: conforme avanza el ciclo de vida presentan numerosas desigualdades, como mayor dificultad para ingresar a la escuela y permanecer, por lo tanto, tienen menos nivel de escolaridad; lo mismo sucede para incorporarse a la actividad laboral debido a las cargas de trabajo doméstico y de cuidados que deben realizar, y que históricamente les han sido asignadas.

De aquellas que logran insertarse en el mercado laboral, pocas tienen la posibilidad de participar en empleos formales y bien remunerados; la mayoría está en la informalidad o en empleos precarios, como una forma de atender las necesidades de cuidados y actividades domésticas, es una manera de conciliar entre la vida laboral y familiar, apuntó la especialista en economía y envejecimiento de la población.

Manifestó que una parte recibe una pensión contributiva como dependientes económicos (por viudez), y no como sujetos de derechos que pueden mandatar esta garantía en edades avanzadas.

En este contexto, dijo, las no contributivas como la Pensión para el Bienestar de los Adultos Mayores -pactadas como un derecho universal para la población de 65 años y más- adquieren relevancia debido al panorama de desprotección en términos de ingresos económicos que enfrenta esta población.

“De hecho, existen personas que prácticamente dependen de ese ingreso dadas las condiciones que permean en la sociedad mexicana, sobre todo en el caso de las mujeres, y que permite una disminución del riesgo de alguna condición de vulnerabilidad o pobreza”, enfatizó la experta.

Planteó la necesidad de preguntarnos qué país queremos en una sociedad que envejece, “pensando en las próximas generaciones y en las actuales personas mayores que, a pesar de las situaciones de desventajas que experimentan, están en mejores condiciones, en tanto que los jóvenes de hoy podrían no alcanzar una movilidad social como la de estos grupos etarios”. Es necesario alcanzar la consolidación de la cobertura total de las pensiones no contributivas y lograr que sean suficientes.

Proceso de envejecimiento poblacional

México no solo experimenta un proceso de envejecimiento poblacional, este se ha presentado en diversas zonas del mundo –en especial Europa y Estados Unidos–. Las causas del fenómeno son diversas, mencionó Verónica Montes de Oca Zavala –investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS)–, pero las más importantes se relacionan con un descenso de la fecundidad desde los años 60 y 70 del siglo XX en México, que se ha combinado con una baja de la mortalidad.

“Hoy en día, tenemos bastantes nonagenarios y centenarios en el país, por esto ya no se habla de tercera edad porque ahora también hay personas de cuarta y de quinta edad. Es un fenómeno muy interesante, único en la historia; por eso, es tan relevante en el mundo, pues no hay un antecedente en la historia de la humanidad en el que se haya visto el incremento de estos individuos envejecidos de pronto”, añadió Montes de Oca.

Isalia Nava Bolaños, investigadora en el Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc), comentó, por su parte, que “este proceso de envejecimiento tiene una serie de especificidades. Una de ellas es la rapidez del fenómeno. Tenemos poco tiempo para prepararnos para los retos y desafíos que plantea el envejecimiento de la población. Y, el otro, son las pocas oportunidades que como sociedad tenemos para prepararnos, tomando en cuenta los antecedentes internos que hemos tenido como país y la evolución de distintos indicadores económicos”.

Más años de vida

Para ambas investigadoras universitarias es necesario que el país comience, lo más pronto posible, procesos que permitan anticipar los desafíos que conlleva una población con más años de vida a cuestas, sobre todo en términos económicos.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), por ejemplo, señaló en el documento Pobreza y personas mayores en México 2020 que “la población mayor presenta menor incidencia de pobreza que el resto de las personas, aunque se encuentra expuesta a la reducción de las capacidades físicas y el retiro del mercado laboral, así como a condiciones específicas de salud y educación, entre otros factores”.

De acuerdo con la instancia gubernamental, en 2020, el 46.1 por ciento de la población de 65 años o más contaba con ingreso inferior a la Línea de Pobreza por Ingresos. Mientras que poco más de la mitad (55.7 por ciento) de las personas mayores contaba con ingresos por pensión no contributiva (programas sociales) y el monto promedio fue de 1,292 pesos por persona al mes. Además, el porcentaje de personas mayores en situación de pobreza alcanzó el 37.9 por ciento.

“Sabemos que el comportamiento económico de las personas se modifica a lo largo de la vida y que en edad avanzada hay una serie de transformaciones importantes: el retiro de la actividad económica, menores niveles de productividad y un cambio en el gasto, sobre todo un incremento en salud. Uno de los grandes retos que tenemos como país es considerar la importancia de la salud, debemos tener en cuenta alguna inversión o innovación en estos servicios. Poner mucho énfasis en medicina preventiva, alimentación saludable y ejercicio. Pensemos en un envejecimiento que sea activo”, argumentó Isalia Nava Bolaños y agregó:

“Es muy importante considerar toda una serie de mecanismos de seguridad económica que permitan a la población mayor contar con los recursos suficientes para poder satisfacer las necesidades más básicas. Igualmente, hay una serie de retos en términos de vivienda y movilidad para que las personas mayores participen en el mercado laboral. También en términos de educación para la actualización de esta población, para que sigan participando en distintas actividades de la vida cotidiana”.

Uno de los aspectos más importantes, convino la especialista en efectos económicos del cambio de estructuras de la población del IIEc, está relacionado con pensar el envejecimiento desde enfoques positivos y no como un obstáculo para la economía del país.

“Tenemos que reconocer su capacidad para efectuar distintas actividades productivas que contribuyen a la economía, al desarrollo del bienestar, tanto de los hogares como de la sociedad en general. La población en edad avanzada que continúa en la actividad económica está desarrollando un trabajo –no es por gusto propio, muchos están de tiempo completo, otros de manera parcial”, afirmó.

Y destacó: “es necesario poner énfasis en que las personas mayores son seres activos y positivos, que no son dependientes; por el contrario, pueden aportar bastante a los hogares. Es muy importante que no se generen presiones sobre ellos para que emprendan actividades que no desean o dar pie a algún tipo de explotación. Hay que tener mucho cuidado”.

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