T-MEC sin Trump

*Linotipia.

/ Peniley Ramírez /

México se encamina hacia una segunda parte del mandato de Donald Trump sin una prórroga del Tratado de Libre Comercio que brinde confianza real a los mercados. Esta semana, los gobiernos de EU, México y Canadá anunciaron que no extenderán el tratado hasta 2042, como quería México. En cambio, lo dejarán vigente hasta 2036 y lo revisarán cada año. Aunque el gobierno mexicano ha dicho que esto no es un fracaso, otras voces explican que es “lo menos malo” que podría ocurrir y que abre una incertidumbre financiera desfavorable para la inversión.

El camino hacia este punto comenzó en 2018. Trump estaba en su primera administración y su gobierno firmó el T-MEC en Argentina. En esos días el yerno de Trump, Jared Kushner, recibió de Enrique Peña Nieto el Águila Azteca, la mayor condecoración mexicana que se otorga a extranjeros. Lo hizo ante la mirada sonriente de Trump y de Luis Videgaray.

Ahora, durante la segunda administración de Trump, México buscaba extender el tratado. Datos recopilados por “México, cómo vamos” indican, por ejemplo, que el 84% de las exportaciones no petroleras de México se dirigen a EU; que el 51% de la disponibilidad de fruta fresca y el 69% de la de verdura fresca en EU provienen de México.

Según cifras oficiales, en los últimos años la inversión en México no ha alcanzado los objetivos de inversión del gobierno. El país ha descendido en el Índice Mundial de Competitividad. En 2025, el gobierno de Claudia Sheinbaum presentó el Plan México, que busca elevar la inversión, aumentar el crecimiento económico anual y crear empleos.

Para los gobiernos mexicano y de EU, el T-MEC se ha convertido en una herramienta de geopolítica con la que se negocia desde la relación con China hasta el combate al fentanilo. Y este tema de China ha sido clave en las negociaciones. “EU no quiere que se fabriquen autos chinos en México que luego puedan entrar al mercado estadounidense como un producto mexicano”, me dijo una fuente que estuvo al tanto de las negociaciones.

EU anunció que no renovará el Tratado debido a deficiencias del acuerdo y a los déficits comerciales. Ahora, las conversaciones continuarán el 20 de julio en CDMX para discutir los aranceles sobre el acero, el aluminio y las autopartes. Lo que buscan, me dicen, es que las revisiones anuales del acuerdo mantengan aranceles sobre estos productos.

Ante el anuncio de la no renovación, los mercados no reaccionaron con gran alarma. El tipo de cambio del peso frente al dólar no cambió demasiado, lo que indica que los mercados no esperaban resultados muy distintos.

Ahora, una revisión anual del tratado implica que casi todo el tiempo estarán en negociaciones. El gobierno ha dicho que habría sido peor que EU se saliera del acuerdo, como prevé el propio tratado entre las posibles alternativas. Sobre esto, el excanciller mexicano Jorge Castañeda me dijo: “Siempre hay algo peor. Pero eso es muy mexicano”.

Castañeda coincide con otros expertos, quienes me explicaron que las revisiones anuales pueden desalentar la inversión, que requiere certeza y planeación a largo plazo. “El tratado se convierte en un factor de incertidumbre o de reticencia para invertir”, me dijo. “Sí, es un fracaso. El desenlace ideal habría sido que alcanzaran suficientes acuerdos. Esto es muy nocivo para México”.

El tratado original de 1994, dijo Castañeda, generaba continuidad y seguridad jurídica, claves para la inversión. Ahora habrá un tratado con revisiones anuales y mecanismos poco claros para dirimir las diferencias.

Marcelo Ebrard ha liderado las negociaciones por parte de México. Esta negociación implica su futuro político, me dicen varias fuentes, porque quiere ser candidato presidencial en 2030. “No tenemos prisa, pero tampoco nos interesa que exista incertidumbre”, dijo Ebrard.

Dentro del gobierno de Sheinbaum, la perspectiva es bastante más alentadora. Funcionarios de gobierno, con quienes hablé bajo condición de anonimato, me dijeron que la estrategia actual es “resistir hasta que se vaya Trump” en 2029 y, entonces, negociar un mejor tratado con el nuevo gobierno estadounidense.

Pero resistir no suena como una estrategia real. Y con revisiones anuales, en un ambiente político tan complejo como el que hoy vive la relación bilateral, no parece nada fácil.