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08.06.2026 Washington, EUA.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a escalar el tono de sus declaraciones contra México al asegurar que los cárteles del narcotráfico mantienen un dominio territorial y político en amplias zonas del país, al tiempo que anunció que su gobierno concentrará ahora sus esfuerzos en el cierre total de la frontera terrestre y en una nueva etapa de la ofensiva antidrogas impulsada desde Washington.
Durante un mensaje relacionado con seguridad fronteriza y combate al tráfico de fentanilo, Trump afirmó que Estados Unidos ya tiene “prácticamente controlado” el tráfico marítimo de drogas y sostuvo que el siguiente paso será endurecer las acciones sobre la frontera terrestre con México. “Hemos detenido el 97% por mar; ahora vamos por tierra”, señaló el mandatario estadounidense en referencia a su estrategia contra los cárteles.
El republicano insistió además en que organizaciones criminales mexicanas ejercen control sobre regiones enteras del país y acusó al gobierno mexicano de no actuar con suficiente contundencia frente al crimen organizado.
Trump ha sostenido en repetidas ocasiones que México se ha convertido en el “epicentro” de la actividad de los cárteles en el hemisferio occidental y que gran parte del tráfico de drogas hacia Estados Unidos se origina en territorio mexicano.
Las declaraciones forman parte de una estrategia más amplia de seguridad impulsada por la administración Trump desde su regreso a la Casa Blanca. En los últimos meses, Washington ha incrementado la presión diplomática y política sobre México bajo el argumento de combatir el tráfico de fentanilo, frenar la migración irregular y perseguir estructuras criminales transnacionales.
La nueva ofensiva estadounidense ocurre además en un contexto particularmente delicado para la relación bilateral. Semanas atrás, el Departamento de Justicia de Estados Unidos abrió investigaciones y acusaciones contra políticos mexicanos presuntamente vinculados con organizaciones criminales, particularmente relacionadas con el Cártel de Sinaloa.
Esa situación elevó las tensiones diplomáticas y provocó una respuesta directa de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien acusó a Washington de utilizar el tema del narcotráfico con fines políticos y electorales.
Trump ha endurecido progresivamente su narrativa sobre México desde el inicio de su segundo mandato. En marzo pasado, durante la llamada Cumbre Escudo de las Américas realizada en Florida, afirmó que los cárteles representan una amenaza hemisférica y pidió a gobiernos latinoamericanos adoptar medidas “más agresivas” contra el crimen organizado. En ese foro, también sugirió que el gobierno de Sheinbaum no ha hecho lo suficiente para contener a las organizaciones criminales. ([Wikipedia][2])
El mandatario estadounidense ha defendido públicamente la posibilidad de utilizar herramientas militares contra los cárteles mexicanos. Desde 2025, medios estadounidenses revelaron que el Pentágono recibió instrucciones para preparar escenarios de acción contra organizaciones criminales consideradas “terroristas” por Washington, entre ellas el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación. ([Americas Quarterly][4])
De acuerdo con diversos análisis publicados en Estados Unidos, la administración Trump busca ampliar la cooperación regional en seguridad bajo un esquema que incluya inteligencia, operaciones coordinadas y eventualmente acciones “cinéticas” contra líderes criminales.
Algunos especialistas advierten que ese lenguaje ha abierto el debate sobre posibles intervenciones directas o incursiones limitadas en territorio mexicano, algo que el gobierno de México ha rechazado tajantemente.
La presidenta Claudia Sheinbaum respondió recientemente a esas amenazas insistiendo en que México mantendrá cooperación con Washington, pero sin aceptar subordinación ni violaciones a la soberanía nacional. “Cooperación sí, subordinación no”, declaró durante una de sus conferencias matutinas.
La mandataria mexicana sostuvo además que su administración sí está actuando contra las organizaciones criminales y presentó cifras sobre reducción de homicidios, destrucción de laboratorios clandestinos y decomisos de drogas. Según Sheinbaum, en los últimos meses fueron desmantelados más de 2 mil 500 laboratorios ilegales y se registró una disminución cercana al 50% en algunos indicadores de violencia.
Frente a las acusaciones estadounidenses, Sheinbaum también reclamó a Washington asumir su parte de responsabilidad en la crisis del narcotráfico. La presidenta mexicana recordó que gran parte de las armas utilizadas por los cárteles provienen de Estados Unidos y cuestionó que el gobierno estadounidense no haya frenado el tráfico ilegal de armamento hacia México.
Otro de los puntos de fricción es el combate al consumo de drogas en Estados Unidos. Funcionarios mexicanos han insistido en que la demanda de narcóticos y la crisis de adicciones dentro del territorio estadounidense son factores fundamentales que alimentan el poder económico de los cárteles.
Pese al endurecimiento discursivo, la relación económica entre ambos países continúa siendo estratégica. México es actualmente el principal socio comercial de Estados Unidos y ambos gobiernos enfrentan además la próxima revisión del tratado comercial T-MEC, prevista para julio de 2026. Analistas consideran que las tensiones en seguridad y narcotráfico podrían impactar las negociaciones económicas bilaterales.
En paralelo, sectores políticos estadounidenses han incrementado la presión para declarar formalmente a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas internacionales, una figura jurídica que permitiría ampliar herramientas de persecución financiera y militar. Trump ha respaldado públicamente esa postura y ha utilizado el tema como uno de los ejes centrales de su agenda de seguridad nacional.
Las declaraciones del presidente estadounidense provocaron nuevas reacciones en México, donde legisladores oficialistas y miembros de Morena acusaron a Washington de promover un discurso intervencionista.
En los últimos días, Sheinbaum reunió a diputados y senadores de Morena, PT y PVEM para cerrar filas en defensa de la soberanía nacional frente a lo que describieron como “presiones externas” y “embates de la derecha internacional”.
Mientras Trump endurece su narrativa contra los cárteles y aumenta la presión sobre México, la presidenta mexicana busca mantener un delicado equilibrio entre cooperación bilateral, defensa diplomática y estabilidad económica en una relación que atraviesa uno de sus momentos más tensos de los últimos años.












