Trump matiza relación con México y asegura que busca una buena relación en el T-MEC

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12.09.2026 Dublín.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este sábado que su gobierno pretende mantener una buena relación con México, al ser cuestionado durante su visita a Irlanda sobre el futuro del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuyo proceso de revisión se encuentra actualmente en marcha.

“Estamos hablando de que tendremos una buena relación con México”, respondió Trump ante las preguntas sobre el acuerdo comercial norteamericano durante su estancia en Dublín. La declaración ocurre en un momento particularmente sensible para la relación económica entre ambos países, debido a las negociaciones que Washington y México mantienen de cara a la revisión del tratado.

El mensaje de Trump contrasta con varias de sus advertencias formuladas durante los últimos meses, cuando llegó a plantear la posibilidad de que Estados Unidos abandonara el T-MEC. En junio, el mandatario dijo que el acuerdo era importante para México y Canadá, pero no necesariamente para Estados Unidos, y posteriormente dejó abierta la posibilidad de no renovarlo.

La revisión del T-MEC comenzó formalmente el 1 de julio de 2026, como establece el propio tratado. Estados Unidos y México ya han celebrado varias rondas de conversaciones bilaterales destinadas a discutir el futuro del acuerdo, mientras Canadá enfrenta una relación comercial considerablemente más tensa con Washington.

La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos confirmó en julio que ambos países celebrarían en Ciudad de México una tercera ronda bilateral de negociaciones relacionada con la revisión del T-MEC.

El escenario ha cambiado de manera importante respecto del diseño original del tratado. Aunque el T-MEC es un acuerdo trilateral, la administración Trump ha optado por avanzar en conversaciones bilaterales con México, mientras su relación comercial con Canadá atraviesa una etapa de fuerte confrontación.

De hecho, Estados Unidos y México aceleraron durante septiembre las conversaciones para intentar alcanzar un acuerdo comercial bilateral antes de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre. Reuters reportó que ambos gobiernos identifican beneficios políticos y económicos en avanzar hacia un entendimiento que permita reducir algunas de las presiones arancelarias existentes y atender las preocupaciones estadounidenses sobre inversión china y contenido automotriz.

Entre los asuntos que se encuentran sobre la mesa está precisamente la industria automotriz, uno de los sectores más integrados de América del Norte. Washington pretende elevar el contenido estadounidense de determinados productos fabricados en México, mientras México busca preservar las ventajas de acceso al mercado estadounidense que ofrece el T-MEC.

La incertidumbre no ha desaparecido. Un análisis publicado por Americas Quarterly señaló que Estados Unidos tiene pocos incentivos para cerrar rápidamente la revisión y que la administración Trump ha utilizado el proceso como una herramienta de presión para obtener concesiones.

El propio Trump ha utilizado en repetidas ocasiones la posibilidad de modificar o incluso abandonar el acuerdo como instrumento de negociación. En julio, sus declaraciones provocaron preocupación entre empresas y analistas debido a que el mandatario llegó a minimizar la importancia del T-MEC para Estados Unidos.

Sin embargo, la relación comercial entre México y Estados Unidos tiene un peso que rebasa cualquier declaración política. Las cadenas productivas de ambos países están profundamente vinculadas, particularmente en sectores como automóviles, autopartes, electrónica, maquinaria, alimentos y energía.

Por ello, la declaración realizada en Dublín adquiere relevancia. Trump no anunció la continuidad definitiva del T-MEC ni descartó modificaciones importantes, pero sí envió una señal política distinta a la de sus anteriores amenazas: Washington pretende mantener una relación funcional con México mientras negocia las condiciones comerciales.

México, por su parte, ha mantenido una estrategia de negociación directa con el gobierno estadounidense. La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha buscado preservar el marco comercial norteamericano y, al mismo tiempo, reducir el impacto de los aranceles estadounidenses sobre productos mexicanos.

El objetivo mexicano es especialmente importante porque Estados Unidos representa el principal destino de las exportaciones nacionales. Mantener condiciones preferenciales de acceso al mercado estadounidense resulta fundamental para las empresas que participan en cadenas productivas regionales.

La situación canadiense agrega otro elemento de presión. Las relaciones entre Washington y Ottawa se han deteriorado durante la segunda administración Trump, con la imposición de nuevos aranceles y represalias comerciales. La disputa amenaza con afectar una economía norteamericana construida durante décadas alrededor de cadenas de suministro compartidas.

Mientras tanto, México y Estados Unidos han avanzado en conversaciones que podrían desembocar en ajustes específicos al régimen comercial. Reuters reportó que entre los temas negociados están posibles cambios a los aranceles bajo la Sección 232, particularmente para vehículos mexicanos, así como mayores exigencias de contenido estadounidense en la producción automotriz.

En ese contexto, la frase de Trump desde Dublín funciona como una señal política, pero no como una garantía sobre el futuro del tratado. La revisión continúa y todavía existen diferencias importantes entre las posiciones de Washington y México.

El T-MEC seguirá siendo, por tanto, uno de los principales espacios de negociación entre ambos gobiernos durante los próximos meses. Para México, conservar el acceso preferencial al mercado estadounidense representa una prioridad económica; para Trump, la revisión constituye una oportunidad para exigir cambios que, desde su perspectiva, favorezcan a las empresas y trabajadores estadounidenses.

La diferencia respecto a meses anteriores es que, mientras el presidente estadounidense había colocado públicamente la permanencia del tratado en duda, ahora afirma que quiere mantener una “buena relación” con México. Esa señal llega justo cuando ambos países aceleran las negociaciones y cuando el futuro del acuerdo comercial norteamericano comienza a definirse bajo nuevas condiciones.