Trump reconoce que no hay diálogo con Irán y presenta Estrecho de Ormuz como territorio de EU.

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18.08.2026 Washington., EUA.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dio un nuevo giro a la creciente disputa por el estrecho de Ormuz al reconocer que actualmente no existen negociaciones ni conversaciones programadas con Irán, después de que autoridades iraníes y miembros de la Guardia Revolucionaria desmintieran versiones previas sobre la existencia de contactos entre Washington y Teherán.

La declaración llegó acompañada de una nueva escalada en el discurso de Trump. El mandatario publicó en su red Truth Social un mapa en el que el estratégico estrecho aparece identificado como “NEW U.S. Territory” —“Nuevo territorio de Estados Unidos”—, una representación que no implica por sí misma ningún cambio reconocido en la soberanía o el estatus jurídico de la zona

“NO hay conversaciones ni diálogos en curso, ni programados, con la República Islámica de Irán”, escribió Trump en Truth Social, de acuerdo con reportes publicados este martes.

El mensaje contradice las versiones que habían circulado en los últimos días sobre posibles contactos indirectos entre Washington y Teherán para alcanzar un entendimiento que permitiera reabrir el paso marítimo, en particular mediante la mediación de países de la región.

La propia Guardia Revolucionaria iraní había rechazado previamente las afirmaciones estadounidenses sobre la existencia de un canal secreto de comunicación. Autoridades de Teherán también han insistido en que cualquier eventual acuerdo tendría que contemplar condiciones planteadas por Irán, entre ellas el levantamiento de sanciones y el cese de las operaciones militares estadounidenses.

La ruptura pública sobre la existencia de negociaciones ocurre en un momento particularmente delicado. El entendimiento provisional alcanzado en junio entre Estados Unidos e Irán establecía un periodo de 60 días para avanzar hacia un acuerdo más amplio y permitir condiciones para restablecer la navegación por Ormuz. Ese plazo terminó el 17 de agosto sin que las partes anunciaran una extensión o un acuerdo definitivo.

Mientras Washington sostiene que el estrecho se encuentra abierto y despejado para la navegación, Teherán mantiene una posición diametralmente opuesta. El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó este martes que el paso permanecerá cerrado hasta que Estados Unidos acepte las condiciones planteadas por Irán.

La disputa no se limita a una diferencia política sobre la navegación. El estrecho de Ormuz es uno de los puntos estratégicos más importantes del comercio energético mundial. Por sus aguas circula una proporción significativa del petróleo y gas que sale de los países del Golfo hacia los mercados internacionales, por lo que cualquier interrupción prolongada puede tener consecuencias sobre los precios de los combustibles, el transporte marítimo y las cadenas de suministro.

La situación también ha generado versiones encontradas sobre quién ejerce actualmente el control efectivo del paso. Irán ha asegurado que mantiene el dominio sobre la zona, mientras Trump ha afirmado que Estados Unidos tiene el control y ha amenazado con mantener una presencia militar para garantizar el tránsito de embarcaciones.

En este contexto, la publicación del mapa adquiere una dimensión política y simbólica. Trump no presentó un nuevo tratado, acuerdo internacional o disposición jurídica mediante la cual Estados Unidos hubiera adquirido soberanía sobre Ormuz; difundió una imagen en Truth Social que identifica el estrecho como “Nuevo territorio de Estados Unidos”. La publicación se produce días después de que el mandatario ya hubiera amenazado con declarar el estrecho territorio estadounidense.

Desde el punto de vista del derecho internacional, la situación es considerablemente más compleja. El estrecho se encuentra entre Irán y Omán y sus aguas incluyen espacios sujetos a la soberanía y derechos soberanos de los Estados ribereños. Un documento oficial del gobierno omaní y otro de Irán establecen que ambos son Estados costeros del estrecho y que las disposiciones sobre navegación deben respetar su soberanía y sus derechos conforme al derecho internacional.

La Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece que la soberanía de los Estados ribereños se extiende a sus respectivos mares territoriales, pero también establece un régimen específico para los estrechos utilizados para la navegación internacional. El artículo 34 señala que ese régimen no elimina la soberanía o jurisdicción de los Estados que bordean los estrechos, sino que regula su ejercicio conforme al derecho internacional.

Además, los registros de Naciones Unidas documentan las zonas marítimas de Irán y Omán y los acuerdos bilaterales existentes entre ambos países para delimitar sus fronteras marítimas.

Por ello, la etiqueta colocada por Trump en el mapa no convierte jurídicamente a Ormuz en territorio estadounidense. Para que existiera una modificación de soberanía territorial de esa magnitud tendría que existir un fundamento jurídico y un proceso internacional que no aparece en la publicación del presidente.

La tensión se extiende también a Omán, país que durante meses ha desempeñado un papel de intermediario entre Washington y Teherán. Mascate ha defendido públicamente la libertad de navegación y ha señalado que cualquier mecanismo para administrar el tránsito por Ormuz debe ajustarse al derecho internacional. En junio, Omán e Irán acordaron mantener conversaciones mediante un grupo de trabajo bilateral para discutir la administración futura de la navegación, los servicios marítimos y los costos asociados, con la participación de otros países de la región y actores relevantes.

Omán también ha trabajado con la Organización Marítima Internacional para establecer alternativas temporales que permitan el tránsito de embarcaciones y ha insistido en que la libertad de navegación debe mantenerse sin imponer cuotas de tránsito contrarias al derecho internacional.

El conflicto por Ormuz se ha convertido así en uno de los principales puntos de fricción entre Washington y Teherán. Estados Unidos busca garantizar la circulación de buques y ha utilizado su poder naval para presionar a Irán, mientras que las autoridades iraníes pretenden mantener condiciones de control sobre el tránsito y utilizar la reapertura del estrecho como una herramienta de negociación.

La controversia se produce además después de que un buque fuera reportado como alcanzado por un proyectil en el estrecho, un incidente que incrementó nuevamente la preocupación internacional por la seguridad de la navegación. Los movimientos de embarcaciones continúan siendo limitados en comparación con los niveles anteriores al conflicto.

La Organización de las Naciones Unidas ha llamado a restaurar plenamente los derechos y libertades de navegación en el estrecho y ha insistido en que todas las partes deben respetar el derecho internacional.

La nueva declaración de Trump deja, por ahora, un escenario de mayor incertidumbre: Washington niega que exista una mesa de negociación con Irán, Teherán sostiene que el estrecho seguirá cerrado mientras no se cumplan sus condiciones y, simultáneamente, el presidente estadounidense difunde un mapa que representa el estratégico corredor marítimo como territorio de su país.

Más que anunciar un cambio jurídico sobre la soberanía de Ormuz, la publicación constituye una nueva señal de la confrontación política y militar entre ambos gobiernos. El problema de fondo, sin embargo, permanece sin resolver: quién establece las condiciones de navegación, bajo qué autoridad y mediante qué acuerdo internacional podrá restablecerse de manera estable el tránsito por una de las rutas marítimas más importantes para la economía mundial.