*IMPRONTA
/ Carlos Miguel Acosta Bravo /
La desaparición gradual del glaciar Jamapa, en el Pico de Orizaba, no debería entenderse únicamente como una tragedia ecológica. En realidad, podría convertirse en el inicio de una transformación profunda para Veracruz, económica, social, agrícola y hasta política.
Durante décadas, el Citlaltépetl funcionó como una enorme reserva natural de agua para buena parte de la zona centro del estado. Sus deshielos alimentaron ríos, manantiales y acuíferos que sostienen la vida cotidiana de municipios completos vinculados a las cuencas del Jamapa, Metlac y Orizaba. Hoy, ese equilibrio comienza a romperse.
El problema es que el cambio climático dejó de ser un escenario futuro para convertirse en una realidad visible. Las altas temperaturas registradas durante mayo no son simples “olas de calor”; son señales de un sistema climático alterado. Y cuando la temperatura aumenta de manera sostenida, los glaciares comienzan a desaparecer más rápido de lo que la naturaleza puede regenerarlos.
Especialistas de la Universidad Veracruzana y de la UNAM ya advierten que el retroceso del glaciar podría ser prácticamente irreversible. Eso significa que Veracruz podría estar entrando silenciosamente a una nueva etapa de estrés hídrico.
Las consecuencias podrían ser enormes.
La primera señal sería la escasez de agua. Menos caudal en ríos y manantiales implica tandeos más frecuentes, dependencia de pipas y reducción del suministro tanto en ciudades como en comunidades rurales. Los reportes de disminuciones de hasta 30 por ciento en algunos afluentes ya no son una alerta menor; son el anticipo de lo que podría venir.
Pero quizá el golpe más delicado recaería sobre el campo.
La región centro de Veracruz depende históricamente de la humedad generada por la montaña. Cultivos como café, caña, maíz y hortalizas podrían enfrentar menores rendimientos, mayores costos de riego y caída en la rentabilidad. Eso no solo impactaría la economía agrícola; también podría provocar desempleo, migración rural y abandono del campo.
El panorama se vuelve aún más preocupante cuando se observa el efecto en los bosques. Sin humedad suficiente, los incendios forestales podrían intensificarse. Menos bosque significa menor captación de agua, más calor y mayor degradación ambiental. Es un círculo peligroso que puede acelerarse rápidamente si no existen políticas de conservación agresivas.
Y entonces aparece otro problema, la sobreexplotación de acuíferos.
Ante la reducción del agua superficial, municipios e industrias buscarán más pozos profundos. El riesgo es claro, hundimientos, agotamiento de mantos acuíferos, contaminación subterránea y encarecimiento del acceso al agua. Lo más grave sería que la crisis dejara de ser temporal para convertirse en estructural.
La región Córdoba-Orizaba podría resentirlo de manera directa. El crecimiento urbano, industrial y comercial necesita agua constante. Si la disponibilidad disminuye, sectores como el alimentario, inmobiliario, turístico e incluso las embotelladoras enfrentarán límites reales para seguir expandiéndose.
En otras palabras, el agua podría convertirse en el principal freno económico de la región durante las próximas décadas.
Lo más inquietante es que todavía existe la falsa percepción de que Veracruz “siempre tendrá agua” por su clima húmedo y su riqueza natural. Sin embargo, el cambio climático está modificando incluso esa identidad histórica. La desaparición del glaciar podría alterar temperaturas regionales, humedad ambiental, frecuencia de lluvias y microclimas enteros.
El verdadero riesgo no es únicamente perder nieve en la cima del Citlaltépetl.
El verdadero riesgo es que Veracruz entre a una etapa donde el agua deje de ser abundante y se convierta en un recurso limitado, caro y motivo de conflictos sociales.
Y cuando una sociedad comienza a pelear por el agua, el problema deja de ser ambiental para convertirse en un asunto de estabilidad económica, gobernabilidad y seguridad pública.
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Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Formó parte del cuerpo académico en comunicación en la Ibero y en la Universidad Anáhuac, campus norte CDMX.












