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/Beatriz Zalce/
07.05.2026 /Desinformémonos/ Ciudad de México.- La XXXI entrega del Premio Nacional de Derechos Humanos Don Sergio Méndez Arceo 2026 se convirtió en un abrazo urgente, amoroso y protector para Ana Enamorado, madre buscadora hondureña, y para los Pueblos Unidos de la Región Cholulteca y de Los Volcanes, quienes lograron el cierre de la planta Bonafont que los dejaba sin agua. Ana defiende la vida y ellos hacen lo propio con el agua. Sus luchas se hermanan. Sin agua no hay vida y la vida, entre otras cosas, es para cuidar el agua y los recursos naturales que son fuente de vida.
Para conmemorar los 30 años del levantamiento zapatista, para mostrar que el zapatismo es presente y futuro pues su impronta permea las luchas actuales, Desinformémonos y la Fundación Rosa Luxemburgo editaron el libro ¿De qué nos van a perdonar? que recoge 30 testimonios de personas y organizaciones y colectivos de México y el mundo, acompañados cada uno por un grabado. Ahí podemos leer las palabras, el pensamiento y los pasos de Ana Enamorado y de los Pueblos Unidos de la Región Cholulteca y de Los Volcanes.
Ella se pregunta y nos pregunta: “¿De qué tenemos que pedir perdón las madres y familiares que buscamos a un ser querido desaparecido? ¿De qué tenemos que pedir perdón las migrantes centroamericanas en este país llamado México? ¿De que el Estado mexicano me dejó sin familia, sin recursos y sin nada? ¿De que a pesar de todo el daño que me han hecho no me he quedado callada y con dignidad sigo alzando la voz y evidenciando a las autoridades omisas y responsables de la desaparición de decenas de miles de personas migrantes extranjeras y mexicanas? ¿De denunciar públicamente dentro y fuera de México que en este país no se respetan los derechos humanos de las personas migrantes?”

Por su parte, los Pueblos Unidos de la Región Cholulteca y de los Volcanes Puebla, también se interrogan y nos cuestionan: “¿De qué nos van a perdonar? ¿De liberar el agua que durante más de 29 años nos despojó la empresa Bonafont-Danone? ¿De recorrer los pueblos cholultecas y sus volcanes para organizarnos y defender con autonomía la vida de nuestros ameyales, lagunas y ríos? ¿De destruir una embotelladora que impuso el desprecio, la explotación y muerte para, sobre sus ruinas, construir vida? ¿De detener la extracción de un millón 640 mil litros de agua diarios de nuestro territorio? ¿De no recurrir a sus leyes que durante siglos nos han explotado y de buscar en nuestra memoria como pueblos originarios la respuesta y la solución más digna? ¿De convertir la propiedad privada en el Común de los pueblos? ¿De haber construido la Casa de los Pueblos, Altepelmecalli, sobre las instalaciones de la planta Bonafont?”
Este premio es para recordar a Don Sergio Méndez Arceo (1907-1992), quien muy pronto supo que su lugar en la Diócesis de Cuernavaca estaba al lado de los pobres. No tuvo reparo en pronunciarse a favor de la Revolución Cubana, contra la guerra de Vietnam y la masacre estudiantil de 1968. Creó el Comité Manos Fuera de Nicaragua y también uno de ayuda para los refugiados guatemaltecos. Para él, los torturadores eran [y son] dignos de excomunión. Tan impulsó los preceptos de la Teología de la Liberación que en su funeral la gente gritaba “¡Queremos más obispos al lado de los pobres!”. Muchos lo llamaron el Obispo rojo.
El premio con su nombre busca proteger, honrar y visibilizar a los defensores de derechos humanos. Lo han recibido Doña Rosario Ibarra de Piedra, candidata al Premio Nobel de la Paz; la actriz y activista Ofelia Medina; Don Samuel Ruiz García, obispo de San Cristóbal de las Casas; Las Patronas quienes alimentan a los migrantes que viajan en “La Bestia”; Don Raúl Vera, llamado el Obispo de los derechos humanos; el Colectivo Las Abejas de Acteal siempre en resistencia contra la impunidad; el pueblo de Cherán que se gobierna a sí mismo; el Frente Cívico por la Defensa del Casino de la Selva, que ha luchado por la conservación de nuestro patrimonio cultural; entre otros. Se entiende este reconocimiento como un gran compromiso para seguir adelante.
Así lo asume Verónica Rosas Valenzuela, una de las fundadoras de la organización Uniendo Esperanzas y madre de Diego Maximiliano Rosas Valenzuela, joven secuestrado y desaparecido en Ecatepec, Estado de México. El año pasado ella recibió este premio, nacido de la sociedad civil, y ahora le toca entregarlo a Ana Enamorado.
Ellas se conocen de tiempo atrás: Ana invitó a Verónica un 10 de mayo a participar en la Marcha por la Dignidad. Para Vero significó un terrible despertar a la realidad: había cientos y miles de mamás en la misma circunstancia que ella.
-Tenía una fuerte depresión -dice Verónica- y al ver a Ana de pie, buscando a su hijo en otro país, lo cual hace todo mucho más difícil, hizo que Ana se volviera mi inspiración. Me acompañó en mi primera búsqueda, cuando yo no sabía dónde ir, por dónde caminar, cómo buscar. Hay tanta injusticia y violencia que no podemos rendirnos. Seguiremos buscándoles hasta encontrarles.”
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Esa mañana del 19 de enero del 2010 Óscar Antonio López Enamorado llamó a su mamá, Ana Enamorado. Ella estaba en casa, es decir en San Pedro Sula, en Honduras. Él había migrado poco antes. Le contó que había llegado a Jalisco, que estaba en un lugar que parecía como una isla, que unas personas le habían ofrecido trabajo. A sus 19 años él quería ser abogado; buscaba una mejor vida. De pronto la comunicación se cortó y ya no hubo manera de reanudarla. Desde entonces Ana busca a su hijo, a su único hijo; quiere saber la verdad. ¿Dónde está? Porque en algún lugar ha de estar.

A lo largo de estos 16 eternos años ha visto pasar varios presidentes en México: Calderón, Peña Nieto, López Obrador y ahora Sheimbaum. Ha recibido promesas más bien vagas, desdén, omisión y ningún resultado. Ha visto lo inimaginable y padecido, padecido mucho en un país donde todos los días desaparecen decenas de personas. Si quisiéramos dar un lugar a los desaparecidos, el recién remodelado Estadio Azteca con capacidad para 87,000 aficionados sería insuficiente. Serían necesarios dos estadios para la creciente cifra de 135 mil desaparecidos.
Ana Enamorado agradece el reconocimiento, agradece a Casa Tochan por dar refugio a migrantes, agradece a las amistades que se han vuelto familia a partir del momento en que llegó a México en octubre del 2013. Agradece que su lucha sea reconocida, pero preferiría tener con ella a Óscar, su hijo.
-Quisiera que el reconocimiento fuera por otra cosa, no por buscar. Lo comparto con mis hermanas de lucha, mis compañeras de dolor quienes, a distancia, desde otro país nos ven y nos acompañan.
“En este momento con el corazón roto madres cubanas, hondureñas y ecuatorianas están preparando su maleta para venir a México a buscar en este país a ese ser tan amado que les desaparecieron. Sus familias, que se quedan en su país de origen, están preocupadas porque cruzar por México es muy riesgoso y no saben si volverán a abrazarse.”
La víspera de la premiación, Ana Enamorado regresó de Jalisco a donde fue, una vez más, a una difícil búsqueda en campo que duró una semana. Estuvo en esos lugares donde las autoridades nunca han querido llegar porque, dicen, “es muy peligroso” y su omisión obliga a las madres buscadoras a hacer ese trabajo, el trabajo de ellos, a correr los riesgos, los riesgos de ellos.

-Cada vez que salgo a hacer una búsqueda, parece que estoy empezando de cero, que apenas se está iniciando el recorrido y se vuelve cada vez más angustiante. Sentimos que se pierde la esperanza de encontrarles. Al mismo tiempo la solidaridad y el acompañamiento nos fortalece.
En octubre del 2021 Ana Enamorado creó el colectivo Red Regional de Familias Migrantes para que las familias puedan buscar desde lejos. Trabajan con ahínco, pero de manera virtual, a través de la pantalla de un celular, de una computadora. Sólo una vez al año llegan a México para buscar a sus desaparecidos. Esto implica un gran reto, pero por amor prosiguen la búsqueda.
Ana recibe el XXXI Premio Nacional de Derechos Humanos Don Sergio Méndez Arceo. Recibe un abrazo de Vero, la abraza. Recibe un cuadro con la ilustración de una madre buscadora de cuya mochila sobresale el Popocatépetl, las cúpulas del templo de la Virgen de los Remedios, los bosques, una cascada.
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-No necesitamos ni a los políticos ni a las empresas que destruyen todo a su paso. Sin ellos podemos vivir dignamente en nuestras comunidades. Expulsarlos de nuestro territorio es la tarea que como pueblo asumimos -señalan los ganadores del Premio Don Sergio Méndez Arceo en la categoría grupal Pueblos Unidos de la Región Cholulteca y de los Volcanes.
David enfrentando a Goliath: Más de 20 pueblos nahuas que llevan años, décadas y siglos luchando contra la extracción de sus recursos naturales lograron el cierre de la planta Bonafont propiedad de la multinacional Danone el 22 de marzo del 2021, Día Mundial del Agua.

El 90% de la población había reportado afectaciones y, además, diversos pozos se habían secado. Han recibido amenazas de muerte, hostigamiento, padecido detenciones arbitrarias y agresiones físicas por parte de grupos de interés, empresas y autoridades. Ellos defienden con su vida lo que les da vida: el agua, su entorno natural, su cultura. Con el rostro cubierto por paliacates rojos cuatro mujeres reciben el Premio. Cuatro, como los cuatro elementos que defienden: El Agua, la Tierra, el Fuego, el Aire.
Traen una jarra de agua, agua que contiene vida y algunas sales minerales vitaminas, agua transparente como sus palabras: “No hay tregua ni entrega: el agua y la tierra aquí se quedan, floreciendo y resistiendo; porque somos 80% agua y 20% lucha”. Una pareja de enamorados ya no sabe ni cómo ocultar su botella de agua, ya le quitaron el cintillo de plástico donde se ve el perfil anaranjado de unas montañas…
-Esta lucha se ha empezado a luchar desde 1964. Ya muchos de nuestros compañeros han muerto por lo mismo que el gobierno los ha mandado a descansar, pero nosotros seguimos luchando por la tierra.
Sus palabras son recibidas con entusiasmo, con aplausos. Hablan y preguntan, hablan y escuchan.
-¿Quién puede vivir sin agua, compañeros?
-Nadie -responden los asistentes.
-Nuestros pozos se estaban secando por la planta Bonafont. Entonces nosotros seguiremos luchando por la tierra y por el agua. Es un honor defender el agua. El agua no es mercancía. Se ama y se defiende. Entonces decidimos hacer reuniones y logramos vencer a la Bonafont.

La interrumpen los aplausos y los ¡Bravo!
– Secaron nuestros pozos, abrieron el socavón. Aquí los pueblos mandan y a la chingada Bonafont. Y ya nuestros pozos tienen bastante agua, aunque tuvimos que escarbar hasta dos metros, pero ya el agua volvió.
Lo dice así nomás. Pero no fue tan sencillo. La empresa reportó pérdidas millonarias. Extraía anualmente 591 millones de litros. Digamos 85 mil garrafones diarios. Argumentó que el problema de escasez de agua era antiguo y que por eso se secaban los pozos. Interpuso denuncias. La Guardia Nacional y elementos de la policía municipal, estatal y federal desalojaron el plantón.
-Los primeros que están destruyéndonos es el gobierno, el capitalismo. A la empresa Bonafont, desde el 2014 se le terminó la concesión del agua y siguió traficando con el agua durante varios años y para ellos no hubo delito, no hubo criminalización. Todo estuvo correcto. Lo fomentó el Estado, pero para nosotros y para nuestra lucha pacífica que defendemos la naturaleza para que como humanos podamos vivir bien, es todo lo contrario. Ellos nos deprimen, nos amenazan, nos quieren intimidar, nos calumnian. Esa actitud tiene el gobierno y el capitalismo por su ambición desbordada. Quieren llenarse el bolsillo de dinero y de los pueblos lo que quieren es el agua, la saquean, la venden. No se llenan con todo el saqueo. Las colonias populares sin agua y en las zonas ricas, Angelópolis, La Vista, hay albercas, fuentes, cascadas artificiales.
“Eso no les importa a ellos, pero nosotros como pueblos organizados tenemos que seguir luchando, organizándonos. Ha costado mucho y va a costar mucho: los jóvenes tienen que sumarse. El bien va a ser para todos. Nosotros tenemos que levantar la voz contra todas las injusticias porque si no alzamos la voz las cosas no se van a resolver. Como pueblos tenemos derecho a la autonomía, a la libre determinación. Somos pueblos originarios, milenarios, antes que el Estado. Nos solidarizamos con nuestras compañeras que buscan a sus hijos. Estamos con ellas. A las mamás que están y a las que no están les decimos que no están solas, nos solidarizamos con ustedes para que nuestras luchas sean más fuertes y pare esta desgracia que se está viviendo.”
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Hubo más: la presencia del músico Francisco Ocampo, una reflexión del Padre Ángel Sánchez, amigo de Don Sergio Méndez Arceo, las palabras de Francisco Taboada autor del documental Obispo Rojo actualmente en cartelera.
Pero está la urgencia de proteger la lucha de las Madres Buscadoras y de los pueblos que defienden sus (nuestros) recursos naturales.












