*Fujimori apuesta por una alianza regional contra el crimen
10.09.2026 Ciudad de México.- La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, confirmó este jueves la incorporación de su país al Escudo de las Américas, la iniciativa impulsada por el gobierno de Donald Trump para reforzar la cooperación entre países del continente frente al narcotráfico, el crimen organizado y otras amenazas transnacionales.
El anuncio se produjo durante la reunión que Fujimori sostuvo en el Palacio de Gobierno de Lima con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la última escala de la gira que el funcionario estadounidense realizó esta semana por Colombia, Ecuador y Perú. La decisión coloca a Lima dentro de la estrategia de seguridad promovida por Washington en América Latina y profundiza el acercamiento político y operativo entre ambos gobiernos.
La adhesión peruana, sin embargo, no surgió de manera inesperada durante la reunión de este jueves. Rubio había anunciado desde el martes la incorporación de Perú al mecanismo, mientras Fujimori ya había manifestado antes de asumir la Presidencia su intención de que el país participara en la iniciativa promovida por Trump.
En una columna publicada en la prensa peruana al comienzo de su gira, Rubio confirmó que Washington estaba incorporando a Perú al Escudo de las Américas y presentó al país sudamericano como un aliado relevante de Estados Unidos en la región.
“Estamos sincronizando esfuerzos para proteger nuestro hemisferio de las amenazas transnacionales y regionales”, afirmó Rubio al referirse a la entrada de Perú en la iniciativa, a la que describió como parte de una cooperación más estrecha entre gobiernos del continente.
El secretario de Estado también destacó la condición de Perú como aliado importante de Washington fuera de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, aunque esa condición no significa que Perú sea miembro de la OTAN ni que la incorporación al Escudo de las Américas implique automáticamente una alianza militar equivalente a esa organización.
El mecanismo impulsado por Trump tiene como uno de sus ejes centrales la cooperación contra organizaciones criminales que operan más allá de las fronteras nacionales. Entre los instrumentos contemplados se encuentran el intercambio de información, la coordinación entre fuerzas de seguridad y la cooperación judicial para perseguir estructuras dedicadas al narcotráfico y otras actividades ilícitas.
Para Fujimori, el ingreso ocurre en un momento particularmente delicado para Perú. La nueva administración enfrenta una creciente preocupación social por el avance de delitos como la extorsión, el sicariato, los secuestros y las actividades de organizaciones criminales vinculadas también con economías ilegales.
La situación de seguridad fue precisamente uno de los asuntos centrales de la reunión con Rubio. El gobierno estadounidense considera que una mayor coordinación con Lima puede contribuir a combatir redes criminales que no se limitan al territorio peruano y que mantienen conexiones con otras estructuras de América Latina.
La incorporación también se produce después de que Perú fortaleciera su relación de seguridad con Estados Unidos. Washington ha señalado que Lima constituye un socio estratégico en el hemisferio y que la cooperación puede ampliarse hacia inteligencia, lucha contra el narcotráfico, control fronterizo y otras áreas relacionadas con el combate al crimen transnacional.
La visita de Rubio adquiere así una dimensión mayor que la de un encuentro protocolario. Se trata del primer encuentro de alto nivel entre el secretario de Estado estadounidense y Fujimori desde que la política peruana asumió la Presidencia a finales de julio, y ocurre durante una gira diseñada para fortalecer los vínculos de Washington con gobiernos latinoamericanos políticamente cercanos a la administración Trump.
Antes de llegar a Lima, Rubio estuvo en Colombia y Ecuador. En ambos países la agenda estuvo dominada por la seguridad, el narcotráfico y la cooperación con Estados Unidos. El recorrido de tres días permitió a Washington reforzar una red regional de gobiernos dispuestos a coordinar acciones contra organizaciones criminales.
En Colombia, el gobierno de Abelardo de la Espriella planteó a Rubio la modernización de capacidades militares y de vigilancia, incluidos radares, drones, helicópteros y sistemas antidrones. Ecuador, por su parte, recibió el compromiso estadounidense de buscar 45 millones de dólares adicionales para apoyar sus operaciones de seguridad, además de otros recursos destinados a enfrentar actividades como la minería ilegal.
Perú llega a este esquema con una problemática distinta, pero con preocupaciones comunes. El país enfrenta un aumento de organizaciones dedicadas principalmente a la extorsión, el tráfico de drogas, la minería ilegal y otros delitos que han incrementado la percepción de inseguridad.
Uno de los casos que ilustra la dimensión transnacional de esas redes ocurrió recientemente con la captura en Bolivia de Jhonsson Cruz Torres, conocido como “Jhonsson Pulpo”, señalado como líder de la organización criminal Los Pulpos. La operación contó con colaboración de agencias estadounidenses como el FBI y la DEA, un ejemplo de la clase de cooperación internacional que el nuevo esquema pretende ampliar.
El narcotráfico es otro de los puntos centrales. Perú es uno de los principales productores de hoja de coca del mundo y comparte con otros países de la región rutas utilizadas por organizaciones dedicadas al tráfico de drogas.
El Escudo de las Américas pretende precisamente aumentar la capacidad de los países para intercambiar información y actuar de manera coordinada frente a estructuras que aprovechan las fronteras nacionales para evadir a las autoridades.
La incorporación peruana se suma a la de otros gobiernos latinoamericanos cercanos a Washington. Entre los países vinculados a la iniciativa aparecen Argentina, Ecuador y El Salvador, mientras México y Brasil permanecen fuera del mecanismo.
La decisión de Lima también tiene una dimensión geopolítica que rebasa la seguridad. La administración Trump busca fortalecer la presencia estadounidense en América Latina en momentos en que China mantiene una creciente influencia económica en la región.
Perú es especialmente importante en esa disputa por su relación comercial con Beijing y por la relevancia estratégica del puerto de Chancay, construido con capital chino y operado por Cosco Shipping Ports. La infraestructura se ha convertido en uno de los proyectos más emblemáticos de la presencia económica de China en Sudamérica.
Rubio aprovechó su visita para cuestionar algunas inversiones chinas en Perú y defender una mayor participación de empresas estadounidenses. En su artículo publicado durante la gira, el secretario de Estado sostuvo que Washington busca relaciones económicas basadas en mayor transparencia y vinculó la seguridad de las inversiones con la seguridad hemisférica.
China respondió a ese planteamiento. Su embajada en Lima rechazó las críticas estadounidenses y sostuvo que América Latina no debe ser considerada como una zona de influencia exclusiva de ninguna potencia.
La disputa revela que el Escudo de las Américas no puede entenderse únicamente como una alianza contra el narcotráfico. Su nacimiento coincide con una política exterior estadounidense que pretende recuperar influencia en el hemisferio occidental y fortalecer los vínculos con gobiernos dispuestos a cooperar estrechamente con Washington.
Para Perú, el desafío será mantener esa nueva relación con Estados Unidos sin romper sus vínculos económicos con China, que continúa siendo uno de sus principales socios comerciales.
En materia de seguridad, la apuesta de Fujimori supone un giro hacia una mayor cooperación internacional. Su gobierno busca aprovechar el intercambio de información y el respaldo de agencias estadounidenses para enfrentar organizaciones que han ganado capacidad de operación y que utilizan estructuras financieras, rutas internacionales y redes criminales que trascienden las fronteras peruanas.
La decisión también encaja con la promesa de campaña de Fujimori de responder con mayor firmeza al deterioro de la seguridad. La presidenta llegó al poder con el compromiso de enfrentar el avance de la delincuencia y reforzar las capacidades del Estado frente a las organizaciones criminales.
La cooperación con Estados Unidos, sin embargo, abre preguntas sobre sus alcances concretos. La incorporación al Escudo de las Américas no significa, por sí misma, que tropas estadounidenses vayan a operar en Perú ni que Washington asuma las funciones de las fuerzas de seguridad peruanas. El objetivo declarado es coordinar esfuerzos, compartir información y fortalecer las capacidades nacionales para enfrentar amenazas transnacionales.
El gobierno peruano tendrá ahora que definir cómo se traducirá esa adhesión en operaciones concretas, qué instituciones participarán, qué información será compartida y cuáles serán los mecanismos de coordinación con las agencias estadounidenses.
La visita de Rubio ocurre además en el marco de los 200 años de relaciones diplomáticas entre Perú y Estados Unidos, una relación que ambos gobiernos buscan actualizar a partir de nuevos acuerdos de seguridad, comercio, tecnología e inversión.
En paralelo, Perú y Estados Unidos avanzaron esta semana en un memorando de entendimiento sobre inteligencia artificial. El acuerdo contempla facilitar la llegada de tecnología estadounidense y ampliar los vínculos entre proveedores de ese país y sectores públicos y privados peruanos, otro elemento que muestra que el acercamiento bilateral no está limitado al combate contra el narcotráfico.
La presencia de Rubio en Lima también estuvo acompañada por protestas de sectores de izquierda que cuestionaron el acercamiento de Fujimori con Washington y expresaron preocupación por una posible mayor influencia estadounidense en asuntos internos de Perú.
Para Washington, en cambio, la incorporación de Lima representa una ampliación de la red regional que busca construir la administración Trump para enfrentar al crimen organizado y reforzar su influencia en el hemisferio.
Para Fujimori, el acuerdo ofrece una oportunidad para conseguir mayor cooperación internacional frente a una crisis de seguridad que se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la sociedad peruana.
El anuncio de este jueves, realizado durante la reunión con Rubio, formaliza así una decisión que ambos gobiernos habían venido preparando desde antes del encuentro. Perú entra al Escudo de las Américas mientras Estados Unidos intenta consolidar una nueva arquitectura regional de seguridad y mientras China mantiene una fuerte presencia económica en el país andino.
El verdadero alcance de la incorporación se medirá ahora en el terreno: en el intercambio de inteligencia, en las investigaciones contra organizaciones criminales, en la recuperación de zonas afectadas por economías ilegales y en la capacidad de las instituciones peruanas para convertir la cooperación internacional en resultados concretos.
La llegada de Perú al Escudo de las Américas no es, por tanto, únicamente un anuncio diplomático. Representa uno de los primeros movimientos de política exterior de Fujimori y profundiza el alineamiento de Lima con la estrategia hemisférica de Trump, en una región donde seguridad, narcotráfico, comercio y competencia entre Estados Unidos y China están cada vez más vinculados.

