Rocío Nahle, gobernadora todoterreno.

*Astrolabio Político. 

/ Por: Luis Ramírez Baqueiro /

“Que el principal sermón de tu vida lo predique tu conducta”. – C.H.Spurgeon.

En Veracruz hay regiones donde el tiempo parece haberse detenido. La Sierra de Zongolica es una de ellas. Ahí, entre caminos escarpados, comunidades aisladas y décadas de abandono institucional, la pobreza extrema dejó de ser hace mucho una estadística para convertirse en una dolorosa forma de vida. Durante más de 35 años, gobiernos fueron y vinieron prometiendo justicia social, desarrollo e integración para los pueblos indígenas de la montaña. Muy pocos regresaron. Casi ninguno cumplió.

Por eso la reciente gira de la gobernadora Rocío Nahle García por la región no puede verse como un simple recorrido de agenda. Su presencia en municipios de la Sierra de Zongolica representa un mensaje político claro: el territorio indígena volvió a entrar en las prioridades del Estado.

No se trató únicamente de actos protocolarios, fotografías o discursos de ocasión. La mandataria supervisó programas alimentarios, recorrió comunidades, inició obras carreteras y anunció próximas inauguraciones en municipios históricamente relegados como Tequila, Magdalena, Xoxocotla y Soledad Atzompa.

La definición que hizo la alcaldesa de Magdalena, Olga Zepahua Tlecuile, al llamarla “mujer de territorio” y “todoterreno”, lejos de sonar a elogio político vacío, retrata una característica que ha marcado el estilo personal de gobernar de Nahle: la presencia constante en campo.

Porque gobernar Veracruz desde el escritorio siempre ha sido insuficiente. Mucho más en regiones donde las necesidades no se entienden leyendo reportes técnicos, sino caminando brechas, observando escuelas, escuchando a las comunidades y comprendiendo la complejidad social de los pueblos originarios.

La Sierra de Zongolica carga una deuda histórica brutal. Marginación, rezago educativo, falta de infraestructura carretera y servicios básicos limitados son heridas abiertas que ningún gobierno ha logrado cerrar del todo. De ahí la relevancia política y social de que una gobernadora regrese, supervise y dé continuidad a obras que durante décadas fueron promesas incumplidas.

El banderazo de la carretera Tequila–Magdalena no es únicamente una obra pública; es una señal de integración regional. Lo mismo ocurre con los caminos anunciados para Xoxocotla y Soledad Atzompa. En comunidades indígenas, abrir caminos significa acercar servicios médicos, educación, comercio y oportunidades. Significa también dignidad.

Días antes, Nahle estuvo en Tierra Blanca con comunidades chinantecas, otra población históricamente invisibilizada por el poder político. El mensaje fue revelador: “faltaban los chinantecos”. Una frase sencilla, pero profundamente simbólica en un país donde durante décadas los pueblos indígenas fueron utilizados en el discurso, pero excluidos en los hechos.

La estrategia no es casual. Retoma la lógica territorial impulsada por Andrés Manuel López Obrador y continuada ahora por Claudia Sheinbaum: caminar comunidad por comunidad y construir legitimidad desde abajo.

En política, la cercanía territorial suele ser más poderosa que cualquier campaña publicitaria. Y Rocío Nahle parece haber entendido que Veracruz no se gobierna únicamente desde Xalapa, sino recorriendo las regiones donde históricamente el Estado llegó tarde.

La diferencia, al final, no la marcarán los discursos. La marcarán las obras terminadas, los caminos concluidos y la permanencia de una gobernadora que decidió ensuciarse los zapatos en la montaña veracruzana.

 

Sextante

Vaya, vaya, como dirían en Tacubaya.

Pareciera que en Veracruz ciertos políticos no más no terminan de entender que jugar a pretender mantener una doble moral discursiva, tarde o temprano resulta ser una de las peores apuestas a las que pueden jugar.

Ese es el caso del senador veracruzano Manuel Huerta Ladrón de Guevara quien lleva ya su rato, trabajando para Movimiento Ciudadano (MC) y sus fieles seguidores haciéndole segunda, y es que los ajustes en algunas de las regiones del estado dentro de la Delegación Federal del Bienestar le dieron en la madre dirían por ahí, pues se acabaron los negocios que a expensas de los mexicanos este habilidoso senador construyó para sí.

Resulta que en Coatzacoalcos salió una de sus protegidas Diana Paulina Osorio y en Minatitlán sale María de los Ángeles Prieto Linares, dos funcionarias más comprometidas con las lealtades políticas que con atender a los ciudadanos que son la razón fundamental de la dependencia.

Con esta jugada poco a poco le han ido cortando los tentáculos al pulpo en que se había convertido Huerta Ladrón de Guevara, asfixiando y sangrando al Gobierno Federal con pretensiones sucesorias que jamás ocurrirán.

 

Al tiempo.

 

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