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10.08.2026 Colombia.- Un terremoto de magnitud 7.4 estremeció este lunes 10 de agosto a amplias regiones de Colombia, provocó el colapso de viviendas y edificios, obligó al cierre preventivo de aeropuertos y dejó al menos 22 personas muertas, de acuerdo con los reportes más recientes de las autoridades y medios colombianos, mientras continúan las labores de rescate y evaluación de daños.
El movimiento telúrico ocurrió alrededor de las 7:34 de la mañana, hora local, y tuvo su epicentro en las inmediaciones de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, en el occidente del país. El Servicio Geológico Colombiano reportó una magnitud de 7.4, mientras que la profundidad del fenómeno fue estimada en alrededor de 96 kilómetros. El temblor fue percibido con intensidad en buena parte del territorio nacional y también generó reportes desde países vecinos como Ecuador, Panamá y Venezuela.
La dimensión de la emergencia comenzó a conocerse conforme avanzaron las primeras horas. Pereira, en el departamento de Risaralda, aparece como una de las zonas más golpeadas, con al menos 18 personas fallecidas.
En Manizales se reportaron tres víctimas y en Buenaventura, en el Valle del Cauca, otra persona perdió la vida, de acuerdo con los reportes más recientes y la cifra de víctimas mortales sigue en aumento
La cifra, sin embargo, permanece abierta. Durante las primeras horas de la emergencia se hablaba de 20 muertos, pero los balances posteriores elevaron el número a 22.ñby hasta 25 fallecidos.
Los equipos de emergencia continúan inspeccionando estructuras dañadas y buscando posibles personas atrapadas entre los escombros, por lo que las autoridades han advertido que el saldo podría modificarse.
En Cali, una de las principales ciudades del país, se reportaron afectaciones estructurales y el colapso de numerosas edificaciones. Los primeros informes señalaron que alrededor de 20 estructuras resultaron afectadas, mientras equipos de rescate trabajaban para determinar si había personas atrapadas.


La fuerza del movimiento también alcanzó a Pereira, Manizales, Armenia, Quibdó y otras localidades del eje cafetero y del occidente colombiano. En varias zonas se registraron desprendimientos, daños en viviendas, establecimientos comerciales y edificios, además de cortes y afectaciones en distintos servicios.
El impacto sobre la infraestructura aeroportuaria también obligó a suspender operaciones en varias terminales mientras se realizaban revisiones de seguridad. Los aeropuertos de Pereira y Manizales estuvieron entre los afectados, una medida adoptada para evitar riesgos adicionales ante posibles daños estructurales y la posibilidad de nuevas réplicas.
La emergencia llevó a las autoridades colombianas a activar los mecanismos nacionales de atención de desastres. El gobierno instaló un Puesto de Mando Unificado para coordinar las labores de búsqueda, rescate, atención médica, evaluación de infraestructura y apoyo a las personas damnificadas. El presidente Abelardo de la Espriella anunció que encabezaría la respuesta gubernamental y que se trasladaría a Pereira, una de las ciudades con mayores afectaciones.
El terremoto ocurrió en una de las regiones con mayor exposición sísmica de Colombia. La ubicación geológica del país explica buena parte de esta vulnerabilidad: el territorio colombiano se encuentra influido por la interacción de las placas de Nazca, Sudamericana y Caribe. Documentos oficiales de gestión del riesgo identifican a departamentos como Chocó, Caldas, Cauca, Nariño y Santander entre las zonas con elevada exposición a fenómenos sísmicos.


La tragedia vuelve a poner en el centro de la conversación la vulnerabilidad del eje cafetero, una región que conserva en su memoria uno de los terremotos más devastadores de la historia reciente de Colombia. El 25 de enero de 1999, un sismo de magnitud 6.2 golpeó especialmente al departamento del Quindío y causó una enorme destrucción en Armenia, Pereira y otras poblaciones. Un estudio de microzonificación sísmica de Manizales recuerda que aquel desastre dejó profundas afectaciones en la infraestructura de la región y evidenció la importancia de considerar las características del suelo y las condiciones particulares de cada ciudad.
El antecedente no es menor. Colombia ha registrado a lo largo de su historia terremotos de gran intensidad que han dejado miles de víctimas y severos daños materiales. La propia documentación oficial reconoce que la actividad sísmica forma parte de los riesgos permanentes del territorio y que los sistemas de prevención, monitoreo y respuesta son fundamentales para reducir las consecuencias de estos fenómenos.
La emergencia de este lunes también ocurre en un país acostumbrado a convivir con una actividad sísmica constante. El Servicio Geológico Colombiano registra miles de eventos sísmicos cada año, aunque la gran mayoría son de magnitud pequeña y pasan inadvertidos para la población. La diferencia fundamental en un terremoto como el ocurrido este lunes está no solamente en la magnitud, sino también en la profundidad, la ubicación del epicentro, las características del terreno y la vulnerabilidad de las construcciones.
El sismo de 7.4 fue seguido por movimientos de menor intensidad, entre ellos réplicas de magnitudes de 2.8 y 4.8, según los reportes disponibles. Las autoridades mantienen vigilancia ante la posibilidad de nuevos movimientos y han llamado a la población a mantenerse alejada de edificios que presenten daños visibles.
Hasta ahora no se ha emitido una alerta de tsunami relacionada con el terremoto. Aunque el epicentro se localizó en el occidente del país, el fenómeno se sintió a cientos de kilómetros de distancia y generó alarma en ciudades como Bogotá y Medellín, además de poblaciones del Pacífico y la región andina.
Las imágenes de las primeras horas muestran calles cubiertas de escombros, edificaciones con daños y familias que abandonaron sus viviendas por temor a nuevos derrumbes. En las zonas más afectadas, los equipos de emergencia realizan recorridos edificio por edificio para determinar cuáles inmuebles pueden seguir siendo habitados y cuáles deberán permanecer cerrados.
La prioridad ahora es encontrar a quienes pudieran permanecer atrapados, atender a los heridos y establecer con precisión la magnitud de los daños. Después vendrá una segunda etapa, posiblemente mucho más prolongada: determinar cuántas viviendas quedaron inhabitables, qué infraestructura deberá ser reconstruida y cuánto costará recuperar las comunidades afectadas.
El terremoto de este 10 de agosto vuelve a recordar, de manera brutal, que la amenaza sísmica no desaparece porque transcurran los años. Colombia ha construido buena parte de su experiencia de protección civil sobre tragedias anteriores, pero cada gran movimiento pone nuevamente a prueba la calidad de sus edificaciones, sus protocolos de emergencia y la capacidad de las autoridades para responder cuando la tierra vuelve a moverse.
Por ahora, la cifra de víctimas continúa siendo preliminar y las labores de rescate siguen en marcha. Lo que comenzó como un fuerte movimiento registrado poco después de las siete de la mañana se convirtió, en cuestión de minutos, en una emergencia nacional cuyo verdadero alcance apenas empieza a conocerse.

