LOS LÍMITES DE LA LEALTAD DE POLÍTICOS Y FUERZAS ARMADAS

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/ Eduardo Sadot /

La lealtad se basa en los valores y principios éticos, de las personas, lo contrario, la traición es la mayor acción imperdonable, Dante en la Divina comedia coloca en el fondo del infierno a los grandes traidores de la humanidad, Judas que traicionó a Cristo, Bruto que traicionó a Julio César – resulta conmovedor el pasaje donde apuñalan a Julio César en el senado Romano y del dolor se gira y queda de frente a Bruto y antes de morir le dice ¡también tú Bruto! – y Lucifer el ángel caído que traiciona a Dios, porque se siente igual a Dios.

Claudia Sheinbaum seguramente no tiene madera de traidora, le pesa mucho reconocer los errores de su antecesor e impulsor. Y tiene razón le debe todo y le debe lealtad para siempre, lo sabe él y lo sabe ella y hemos visto que está dispuesta a cumplirle a rajatabla.
Pero toda lealtad tiene un límite, porque la lealtad es siempre de dos vías, de arriba para abajo y de abajo para arriba.

En México los presidentes entrantes, siempre le deben lealtad a los presidentes salientes y lo han cumplido, pero siempre con un límite, y no es como algunos creen, que lo que pareciera ingratitud no lo es, porque todos los que han ocupado la presidencia de México saben que la principal lealtad es a México, al país, a la Patria.
Así, en la historia de México hay muchos ejemplos, Manuel González mandó a Porfirio Díaz a gobernar su Estado “Oaxaca” en tiempos que no había facilidades para viajar de Oaxaca a la Ciudad de México así mantuvo su lealtad sin confrontación, Lázaro Cárdenas mantuvo la lealtad a su antecesor y predecesor Plutarco Elías Calles, hasta que su impulsor creyó que seguía gobernando y privilegió sus intereses a los de la Patria y Cárdenas lo sacó del país.

Más recientemente López Portillo tuvo que hacer lo propio con su amigo de toda la vida, Luis Echeverría, quien le impulsó y lo encumbró a la presidencia, pero cuando Echeverría mantuvo su influencia y el teléfono rojo en su residencia de San Jerónimo lo mando a embajador en Australia, para Nueva Zelanda y las Islas Fiyi.

Todo mexicano que ha ocupado la presidencia de la república, enfrenta la disyuntiva de privilegiar la protección a su sucesor o los intereses de la nación. Y “obrador” y la doctora no son la excepción.

La presidente no debe abrigar ningún temor a ser criticada por traidora, porque ni lo es y tampoco lo haría. Pero si deben reflexionar ambos, que cuando traicionan sus ideales, cuando infringen sus principios, cuando desobedecen su “decálogo” de tres: “no robar, no mentir no traicionar” entonces quien lo infringe se coloca en la posición de no merecer lealtad, es el principio de en torno, de “circunstancia” como señaló Ortega y Gasset si las circunstancias o las condiciones varían provocadas por quien pudiera exigir lealtad, que le releva de la lealtad que le debiera y si no lo hace, entonces se vuelve cómplice y corre el riesgo de seguir la misma suerte.

Lo que comenzó con la falta de mantenimiento a calles y drenajes, escaló a solapar a familiares, cuya conducta se tipifique en delitos. La declaración – sin asesoría jurídica – de exigir a EEUU, pruebas para la entrega de Rocha, se interpreta como encubrimiento y le hace ver como cómplice, a los ojos de Marco Rubio, Trump y del embajador Ronald Douglas Johnson.

El tema de la traición también alcanza a las fuerzas armadas, que parece que han olvidado que su lealtad es: primero a la patria y luego a las personas. Ahí está el caso del General Gerardo Mérida, un ejemplo para otros miembros de las fuerzas armadas, pues en crisis, los dejan solos a su suerte.

Ya nadie se traga el cuento de que defender a MORENA y a los morenistas corruptos en el gobierno, es defender a la soberanía nacional, antes quizá lo creían, hoy se sabe diferenciar entre gobierno y nación y está claro que la nación se compone del concepto de “identidad” que une a todos, entorno a los elementos del Estado: territorio, población y “gobierno” pero gobierno no es el todo es solo una parte y si el gobierno está infiltrado por el narco y su partido también entonces ambos son terroristas y ello no significa que ellos sean soberanía, que usen el pretexto para tratar de defenderse, asuman su responsabilidad, así como decía que “sus adversarios no eran pueblo” y los narcos sí, pues la administración como responsabilidad del poder ejecutivo, es parte del gobierno, ni siquiera es todo el gobierno, tampoco es toda la nación, menos todo el Estado y si cuestionan al ejecutivo – presidente o presidenta como le gusta que le llamen – no involucren a la Nación mexicana arguyendo que lesionan a la soberanía ¡no! acusan al órgano administrativo actual, se acusa al anterior, al del sexenio pasado, a esa parte del gobierno, particularmente a los políticos narcos no a la soberanía. No quieran confundir nuevamente soberanía, con protección de narcos sobre aquel principio del que dijo “los narcos también son seres humanos”, por lo tanto, son mexicanos, sí pero no son iguales y su deber era garantizar la seguridad de los mexicanos frente a la delincuencia, no permitir que asesinaran a casi doscientos mil mexicanos y tolerando la producción de fentanilo – hasta declarando que “no se producía en México” cuando se sabía que era cierto – e indirectamente asesinando a más de trescientos cincuenta mil estadounidenses por sobredosis de fentanilo, que sí consumieron voluntariamente pero engañados porque consumieron fentanilo, lo que es delito por omisión al sostener que no salía fentanilo de México. Por eso la sospecha de complicidades desde Palacio. Ningún gobernante puede exigir lealtad cuando sus actos comprometen la legitimidad del Estado.

@eduardosadot
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